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La encarnación de la fatal arrogancia

Jorge Jacobs Fb/jjliber

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En uno de los más descarados ejemplos de cinismo en esta pandemia del covid-19, este lunes se publicó un “estudio” en donde algunos de los principales responsables de la hecatombe económica que va a hundir a millones de personas en la miseria, pobreza, hambre, desolación y muerte se jactan de los “millones” de vidas que salvaron. Es que hay que ser caradura para pasearse en el mundo, y luego todavía regodearse con sus números equivocados para alardear los “millones” de vidas que salvaron.

Para su referencia, estoy hablando del profesor Neil Ferguson y su equipo de investigación del Colegio Imperial de Londres. Ellos desarrollaron un modelo matemático con el cual pronosticaron que habría muchos millones de muertos en el mundo por el covid-19 si no se realizaban “estrategias de contención”, y como consecuencia se volvieron en los avatares de los encierros. Con su modelo pronosticaron que en Inglaterra moriría medio millón de personas, y en Estados Unidos, más de dos millones de personas.

Asustando con el petate de los millones de muertos logró convencer a políticos de que la única ruta segura era cerrar completamente los países. Tanto se apropió del concepto que hasta le pusieron el mote de Professor Lockdown. Basados en su modelo, gobiernos de todo el mundo fueron cayendo uno a uno, como piezas de dominó, encerrando a miles de millones de personas, en la mayoría de casos, violando sus derechos constitucionales. Por si fuera poco, se satanizó a cualquiera que osaba dudar de la “sabiduría” de los encierros.

Como consecuencia directa de esos encierros, el mundo se sumió en la peor catástrofe económica de casi cien años, se pauperizó a cientos de millones de personas, muchas decenas de millones de personas se pronostica que morirán de otras enfermedades y de hambre, y en general, el nivel de vida de la mayoría de las personas en el mundo retrocedió considerablemente, con secuelas hasta hoy insospechadas.

El problema es que, con el tiempo, se ha ido descubriendo que el modelo estaba errado, y no por poco, sino por varios grados de magnitud. Básicamente, en ningún lugar se cumplieron los pronósticos de Ferguson y su equipo —lo que no es de extrañar, considerando los graves errores que ya habían cometido en ocasiones anteriores—. Así que, si a alguien se puede responsabilizar de buena parte de la catástrofe en la que estamos actualmente es a ellos.

Regresamos ahora al “estudio” que publicó Ferguson y su equipo este lunes en la revista Nature, en el que, con un cinismo y arrogancias extremas, se jactan de que gracias a ellos se previnieron 3.1 millones de muertes, solo en Europa. El artículo es un absurdo ilógico que no prueba absolutamente nada de cómo los encierros “supuestamente” evitaron esas muertes. Lo único que hacen es tomar como base el cálculo de muertes que hicieron ellos mismos, dándolo por un hecho —cuando el estudio ha sido cuestionado ya infinidad de veces, no solo por otros científicos, sino por los datos de la realidad— y luego le restan la cantidad de muertos reales, y con eso llegan a la brillante presunción de que la diferencia es la cantidad de personas que ellos “salvaron” con los encierros. No hay ni siquiera un intento de demostrar los efectos reales de los encierros.

Ese estudio no es más que una muestra más de la arrogancia y desprecio por la verdad de Neil Ferguson y su equipo, ahora tratando de manipular la información para justificar el tremendo daño que le ocasionaron a la humanidad. No en balde Matt Ridley, en su artículo más reciente, argumenta que este pudo haber sido el peor error de la historia para el establishment científico británico.