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La inflación bajo la alfombra

Jorge Jacobs Fb/jjliber

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Aunque los banqueros centrales le echan la culpa de la inflación a los problemas surgidos en las cadenas de suministros a raíz de la pandemia, esa es solo una estrategia para desviar la opinión pública de la responsabilidad que tienen de buena parte de la inflación que está afectando al mundo.

Como bien lo dice Percy L. Greaves, Jr.: “Inyectar más dinero en la economía de una nación simplemente ayuda a algunas personas a expensas de otras. Debe, por su propia naturaleza, hacer subir los precios más alto de lo que habrían sido, si no se hubiera incrementado la oferta monetaria. Quienes no tienen parte de la nueva oferta monetaria deben satisfacerse con menos. No aumenta, ni puede aumentar, la cantidad de bienes y servicios disponibles”.

No hay por dónde esconder la responsabilidad que tienen los gobernantes al incrementar desmedidamente los presupuestos para “rescatar” a las economías del lío en que ellos mismos las metieron con las decisiones apresuradas de cierres completos, y los banqueros centrales que los siguieron, inyectando dinero en la economía para cubrir los déficits en que incurrieron los gobernantes.

Aunque esa fue la excusa original, hasta la fecha la mayoría de los gobiernos se han aprovechado de la pandemia para gastar a manos llenas, supuestamente para “reactivar” las economías, y la fiesta de derroche gubernamental ha continuado, pero las consecuencias tarde o temprano se tendrían que pagar, y ya las empezamos a ver, precisamente en la ola de inflación que poco a poco se está manifestando en el mundo, incluyendo a Latinoamérica.

Los datos más recientes son los de la Zona Euro, en donde esta semana anunciaron que la previsión de inflación para noviembre llegó al 4.9 por ciento, la más alta desde julio de 1991. Pero allí no termina la situación; esta semana también EuroStat publicó el índice de precios a los productores industriales para octubre, en donde se ve claramente la aceleración que estos han tenido en los últimos meses.

Las inyecciones monetarias primero llegan a los mercados financieros, luego a las materias primas, luego a los demás insumos, luego a los precios de los productores y, por último, al consumidor. En los últimos meses hemos ido viendo cómo ese efecto se ha ido diseminando a lo largo de toda la cadena de producción y está pronto a reventar en los precios al consumidor, por mucho que los quieran ocultar. Ello no implica que todas las complicaciones que ha habido en las cadenas de producción y logística no tengan parte de la culpa en los incrementos de precios, pero son solo una parte de la explicación. La razón principal se origina en los bancos centrales.

La pregunta del millón ahora es: ¿cuánto tiempo nos va a afectar esta ola de inflación? A lo largo de todo el año, los banqueros centrales han estado utilizando el término “transitoria”, implicando que solo sería un efecto pasajero y que rápidamente todo retornaría a la normalidad; sin embargo, ahora que ya no pueden tapar el sol con un dedo, ellos mismos han tenido que reconocer que la cosa no será tan “transitoria”.

Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, reconoció este martes, en una audiencia en el Senado, que la inflación no iba a ser “transitoria”. “Probablemente sea un buen momento para retirar esa palabra y explicar más claramente lo que queremos decir”, dijo. Por supuesto, no llegó al punto de reconocer ninguna responsabilidad en el problema y se mantuvo firme en que la culpa es de las “cadenas de producción”.

Lo peor de todo es que esa ola de inflación que se viene afectará, como siempre, a los más pobres, en los países de menores ingresos que, además, son los que han llevado la peor parte de la pandemia.