Liberal sin neo

La seducción de soluciones fáciles

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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Problemas sociales, como la pobreza, criminalidad, corrupción, acceso a buena educación y servicios de salud, son complejos y carecen de soluciones fáciles. La manera de resolver muchos problemas de la vida diaria condiciona modelos mentales para identificar soluciones fáciles. Un dolor de cabeza se resuelve con un analgésico, una infección con tratamiento de antibióticos por siete días, a un neumático pinchado se le pone parche. En temas cotidianos, la causa del problema y las propiedades de la solución puede ser irrelevante; es cuestión de buscar el remedio rápido a bajo costo.

El verbo transitivo reactivar significa volver a activar, hacer que algo funcione de nuevo, restaurar un mejor estado anterior. La “reactivación económica”, término de uso prominente, es una muletilla para describir un problema identificable que tiene solución. El remedio está a la vista; discusión de la reactivación económica se acompaña de fotografía de un ministro explicando como una nueva ronda de medidas, comisiones y gasto público reactivará la economía, la llave para arrancar el motor. O de diputados en sus curules viéndose unos a otros, con rostros de profunda reflexión, mirada visionaria, forjando la píldora mágica sintetizada en un decreto. Habemus el misterioso elíxir de la reactivación económica.

El país necesita mucho más que reactivar el anémico crecimiento económico de las pasadas tres décadas, en promedio poco más de 3% anual, que en términos per cápita, es aproximadamente 1.5%. Datos del Banguat indican que la producción real en el país se contrajo -1.8% en 2020, pero creció 8% en 2021, que en teoría compensaría con creces el terreno perdido por la pandemia. Si la economía creciera 8% anual sostenidamente, duplicaría su tamaño en menos de nueve años; su efecto sería palpable en el nivel de vida, creación de empleo y aumento en ingresos fiscales. El Banguat pronostica crecimiento de 3% (bajo) a 5% (alto) para 2022, en línea con la media de tres decenios; estable, sin novedad.

La estabilidad sin novedad se ve constantemente amenazada por “la crisis económica” que requiere rápidas fórmulas mágicas; carezco de memorias de épocas sin crisis. Pasando el curso de obstáculos de la pandemia, la economía se encuentra frente a la fosa del alza en precio de combustibles, inflación, contracción de las principales economías globales y guerra en Ucrania. Expertos que de oficio dan malos consejos, como la Cepal, proponen que la bala de plata para salir de “la crisis” se fundamenta en una política fiscal expansiva redistributiva, y presionar el botón de eliminar la corrupción. Es precisamente la política fiscal y monetaria expansiva como remedio a “crisis”, que está pasando factura inflacionaria y recesiva a las economías de EE. UU. y Europa. El precio de combustibles venía en ascenso antes de la guerra en Ucrania, por la baja inversión en petróleo y gas promovida por las elites políticas y corporativas globales persiguiendo el unicornio solar y eólico como solución al cambio climático, la crisis existencial en boga.

El destino de Guatemala no se endereza con un improvisado decreto aquí y otro allá, imaginativas leyes y medidas paliativas para subsanar crisis momentáneas con creativas formas de aumentar el gasto público. No hay una solución fácil, sin riesgo o costo. La crisis global podría ser una oportunidad para Guatemala, un país con tanto potencial, privilegiada posición geográfica y población joven. Llama a una estrategia holística, coherente, sostenible durante una generación, independientemente de los vaivenes políticos del momento.