Ideas

Los Picapiedra y la propiedad privada

Jorge Jacobs Fb/jjliber

Hace unos días publicaron un estudio en el Journal of Political Economy sobre los descubrimientos más recientes de los inicios de la agricultura, en la Mesopotamia de hace unos 12 mil años, que dieron paso a la llamada Revolución Agrícola Neolítica. La hueva hipótesis planteada por los autores Samuel Bowles y Junk-Kyoo Choi va en contra de lo que hasta la fecha se había sostenido: que la propiedad privada se desarrolló como una consecuencia de la agricultura. Bowles y Choi sostienen que la evidencia apunta en el sentido contrario: la agricultura se desarrolló debido a que primero surgió la propiedad privada dentro de algunos grupos.

Según los autores, en aquella época se juntaron varios factores que propiciaron el desarrollo de la agricultura, siendo uno de los más importantes el “calentamiento global” que se dio al final de la era glacial —¿o sea que se han dado cambios en el clima tan grandes sin la intervención humana?—, pero esto no era suficiente, se necesitaban otros factores para lograr que una actividad que en ese momento era más “costosa” que simplemente salir a cazar y regresar con la comida pudiera cambiar los hábitos de las personas.

Y ellos utilizan la teoría evolutiva de los juegos y la evidencia arqueológica para proponer una nueva interpretación del neolítico. Según su modelo, un sistema de derechos de propiedad privada mutuamente reconocidos era una condición previa para la agricultura y también un medio para limitar conflictos costosos entre los miembros de una población. Ellos argumentan que se dio el caso entre algunos grupos cazadores-recolectores, pero sedentarios, en donde se definieron derechos de propiedad y fueron estos los que, con el tiempo, propiciaron que las personas domesticaran plantas y animales sobre los que podían ejercer esos derechos de propiedad previamente definidos.

La propuesta de Bowles y Choi se aparta completamente de los conceptos que se tenían hasta la fecha, explicando de una manera más consistente cómo fue que, a pesar del costo que tenía pasar de la caza a la agricultura, la facilidad de poder definir derechos de propiedad hizo que el esfuerzo valiera la pena, lo que a la postre fue el inicio de la revolución que llevó a la humanidad hasta el punto en el que estamos actualmente. Ellos plantean la reivindicación de la propiedad privada como el motor del desarrollo, desde los inicios de la humanidad.

Lo triste del caso es que, 12 mil años después, todavía algunas personas cuestionan la importancia del respeto de la propiedad privada como requisito indispensable para el desarrollo. No hay que ir muy lejos para encontrar la evidencia. Solo en Guatemala hay cientos de propiedades que están “invadidas” por personas que, por definición, no son los propietarios. Indistintamente de cuáles sean las razones por las cuales justifican dichas invasiones, el efecto final es el mismo: una imposibilidad real de garantizar la propiedad privada a sus legítimos propietarios.

Ello a su vez es uno de los elementos que contribuye a la falta de certeza jurídica que campea en el país y que ahuyenta a cualquier inversionista con dos dedos de frente. El resultado es el mismo que ya se podía vislumbrar desde hace miles de años: mientras no se puedan garantizar los derechos de propiedad sobre los bienes productivos, difícilmente se dará ningún desarrollo. Nadie va a trabajar, nadie va a invertir mientras no tenga por lo menos alguna certeza de que va a poder gozar de los beneficios. ¿Tan difícil será entender esto después de 12 mil años de aprendizaje? Peor aún, ¿será que no hemos aprendido nada en todo ese tiempo?