Ideas

No más estados de Excepción

Jorge Jacobs Fb/jjliber

Para cuando termine el actual estado de Calamidad, el 5 de julio, habrán transcurrido 120 días —cuatro meses— de medidas de restricción para todos los guatemaltecos, en los cuales se nos pidió hacer un “sacrificio” por el bien y la salud de todos. Conforme va pasando el tiempo, cada vez es más palpable que los guatemaltecos hicieron el “sacrificio”, pero las promesas que se hicieron a cambio brillaron por su ausencia. No podemos seguir de excepción en excepción.

La excusa inicial por la que se decretó el estado de Calamidad fue la de “aplanar la curva” para que diera tiempo de construir los hospitales temporales para el tratamiento de pacientes con covid-19. Pues bien, en los más de tres meses que llevamos en estas, sea por lo que haya sido, los contagios crecieron lentamente, con lo que, en teoría, se logró el supuesto objetivo de retrasar la afluencia de enfermos severos o críticos que anegaran el sistema de Salud. Sin embargo, se ha visto que, aunque los hospitales ya están funcionando en su mayoría, adolecen de problemas similares a los que se tienen en el resto del sistema de salud gubernamental, al grado de que, aunque se ha contado con suficientes recursos para proveer de insumos adecuados al personal médico y a los pacientes de estos hospitales, no se ha logrado.

A ello hay que añadir que se cometió un grave error con instaurar los protocolos “más conservadores del mundo”, que incluían la hospitalización de cualquier infectado, independientemente de sus síntomas, lo que contribuyó a saturarlos innecesariamente, pero, peor aún, contribuyó al desgaste prematuro del personal de los hospitales. Esto fue crítico porque ahora, cuando realmente se necesitan para cuidar a enfermos más severos, ya están agotados, sobrecargados, y muchos de ellos, infectados.

Ahora llegamos al peor de los mundos. El sistema por el que se sacrificó el bienestar de todos los guatemaltecos durante tres meses no está funcionando como se prometió, echa agua por todas partes, pero ahora estamos en una situación muy distinta a la que nos encontrábamos cuando todo esto empezó.

Buena parte de los guatemaltecos han visto cómo sus fuentes de ingresos desaparecen, y ya llevan tres meses de penurias, que cada vez más se manifiestan en hambre, enfermedades y miseria. Se vea por donde se vea, la mayoría de los indicadores apuntan a que ya estamos viviendo un desastre. El hambre y la desnutrición crónica se están incrementando, el resto de las enfermedades que siempre afectan a los guatemaltecos han sido “invisibilizadas” por el covid-19, pero allí están, seguramente incrementando sus víctimas, que ahora no aparecen ni siquiera en las estadísticas, porque pocos se atreven a llegar a los hospitales hasta que ya no hay de otra.

No se puede seguir sacrificando a todos los guatemaltecos. El covid-19 nos va a afectar, pero las consecuencias de las restricciones representarán el acabose y la muerte para muchísimas más personas que las que serán afectadas por el coronavirus. Y como siempre, los más afectados serán los más pobres, los que menos recursos tendrán para enfrentar el covid-19 y todos los demás males que sobrevendrán.

Por ello, hago un llamado a los diputados para que no aprueben una ampliación del estado de Calamidad. Hasta El Salvador, donde el presidente confinó al extremo a todos sus ciudadanos, se vio obligado a quitar las restricciones luego de que los otros organismos le marcaran el alto. Mientras tanto, los guatemaltecos seguimos en el mismo camino hacia el despeñadero. ¡No más estados de Excepción!