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¿Por qué todos se equivocaron?

Jorge Jacobs Fb/jjliber

¿Todos se equivocaron? La pandemia del pánico liderada por muchos políticos y médicos, más que las consecuencias de la infección del Sars-CoV-2, nos han llevado a una situación insostenible en buena parte del mundo. Las consecuencias ya se dejan ver por todos lados, más pobreza, más hambre, más muertes por todas las demás causas, en fin, un total desastre. Pero los políticos siguen montados en su macho de que hay que encerrar a todo el mundo hasta que se muera, para que no se muera de covid-19.

Ante tanta insensatez, es refrescante encontrar que todavía existen científicos que se resisten a caer en ese juego y se animan a ir contra corriente. Uno de los mejores ejemplos que he encontrado recientemente es un artículo titulado Coronavirus: ¿Por qué todos se equivocaron?, escrito por el biólogo y director emérito del Instituto de Inmunología de Berna, Beda Stadler. En él, Stadler hace una muy completa explicación de la interacción entre los virus, en general, y el Sars-CoV-2, en particular, con el sistema inmunológico humano, y explica las contradicciones y errores en que muchos científicos han caído en medio de esta pandemia. Reproduzco aquí un par de párrafos de este artículo, con la esperanza de motivarlo a leerlo completo. Puede encontrar una traducción aquí: https://bit.ly/seequivocaron

“La respuesta inmunitaria contra el virus es mucho más fuerte de lo que pensábamos. En primer lugar, fue un error afirmar que este virus era novedoso. En segundo lugar, fue aún más erróneo afirmar que la población no tendría ya alguna inmunidad contra este virus. En tercer lugar, fue la coronación de la estupidez afirmar que alguien podría tener covid-19 sin ningún síntoma en absoluto o incluso que podría pasar la enfermedad sin mostrar ningún síntoma”.

“Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta todos los virólogos de Facebook, todos afirmaron que este virus era particularmente peligroso, porque no había inmunidad contra él, porque era un virus novedoso… El veinte me cayó hasta cuando me di cuenta de que la primera prueba de anticuerpos disponible comercialmente [para Sars-CoV-2] se armó a partir de una vieja prueba de anticuerpos que estaba destinada a detectar el Sars-1… Fue allí cuando me di cuenta de que el mundo entero simplemente afirmaba que no había inmunidad, pero en realidad, nadie tenía una prueba lista para probar tal declaración. Eso no era ciencia, sino pura especulación basada en un presentimiento que luego fue repetida como loritos por todos…”

“Los epidemiólogos también cayeron con el mito de que no había inmunidad en la población… De lo contrario, sus modelos de curva se habrían visto distintos. Cuando los peores escenarios iniciales no se hicieron realidad en ninguna parte, algunos todavía se aferran a modelos que predicen una segunda ola… Tampoco he entendido todavía por qué los epidemiólogos estaban mucho más interesados en el número de muertes que en los números que se podían salvar”.

“El término “portadores silenciosos” fue conjurado de un sombrero y se afirmó que uno podría estar enfermo sin tener síntomas. ¡No sería eso algo extraordinario! La siguiente broma que algunos virólogos compartieron fue la afirmación de que aquellos que estaban enfermos sin síntomas podían propagar el virus a otras personas. Los enfermos “sanos” tendrían tanto del virus en la garganta que una conversación normal entre dos personas sería suficiente para que la “sana” infectara a la otra sana. …que los médicos y virólogos retorcieran esto en una historia de enfermos “saludables”, que aviva el pánico y a menudo se dio como una razón para las medidas más estrictas de encierro, solo muestra lo malo que es realmente la broma”.