Por la libertad

Promesas y regalos

A 10 días de las elecciones el panorama político sigue incierto. Hace dos días el Tribunal Supremo Electoral (TSE) revocó la inscripción del Binomio Edwin Escobar y Blanca Alfaro por un lado, y avisó a otro presidenciable, Mauricio Radford que no podía esperarle a que resuelva algunos pendientes por lo que lo deja fuera de la papeleta. Un amigo me dijo, en plan de broma: “¡lotería!” y otro, “¡bingo!”.

Algunos se preguntan si todavía van a eliminar de la papeleta a alguien más, como sería el caso de Sandra Torres, a quien la Corte de Constitucionalidad (CC) le tiene pendiente una resolución final. Incluso cabe la posibilidad de que se incluya a alguien que ya había sido eliminada de la contienda electoral, como podría ser el caso de Zury Ríos a quien la Comisión Interamericana de Derechos humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA) podría pedir su inclusión. Como digo, la incertidumbre es muy grande aún.

Esta campaña ha estado de lo más rara. Con las limitaciones impuestas por el tema del financiamiento electoral ilícito, así como las prohibiciones de donde se pueden anunciar los candidatos, el conocimiento del público en general es deficiente. Y lo más triste es que, aunque todos dicen querer que se reduzca la pobreza, persisten con promesas electorales populistas y clientelares, que han demostrado ser un foco de corrupción en el pasado, como los regalos o ayudas sociales a los más pobres.

No se puede ayudar al pobre a base de regalos y dádivas. Eso no ha funcionado aquí ni en ninguna parte del mundo. La mejor forma que tiene el pobre de mejorar su situación es con más y mejores oportunidades. No con igualdad de oportunidades, porque eso no existe. Pero sí se puede lograr que el Gobierno trabaje para no impedir que se multipliquen las oportunidades para ellos a través de austeridad, desrregulación, desconcentración de poderes, reducción de trabas, simplificación del sistema tributario y reducción o eliminación de impuestos, eliminación de las aduanas, certeza ante la ley, reducción del crimen y la construcción de un verdadero estado de Derecho, que garantice los derechos individuales fundamentales como lo son el de la vida, la propiedad y la libertad. Solo así se logrará que el país reciba más inversiones de capital, que es la fuente de más y mejores oportunidades de mejora de nivel de vida. Esto es un mayor crecimiento económico que afecte a todos.

Si los guatemaltecos gozan de más y mejores oportunidades para mejorar su nivel de vida dejarán de emigrar hacia el gran país del norte, podrán tener los ingresos necesarios para que su familia mejore, tenga mejor alimentación, salud, vivienda y otras cosas que, a lo mejor, no son tan urgentes. La desnutrición crónica desaparecerá, uno de los problemas que algunos candidatos mencionan como prioridad también. Seguir con la lógica de regalos a los más pobres significa crecer a un ritmo más lento y fomentar la dependencia.

Tampoco es correcto hablar de subsidios y fomentos. Los subsidios implican quitarles a todos para darle a unos pocos. ¿Quién dice que esto es eficiente? ¿Están de acuerdo todos? Si libre y voluntariamente la gente no escoge apoyar a cierto grupo de personas o cierta actividad es porque no está dentro de sus prioridades en este momento. Y con los fomentos ocurre lo mismo. Se favorece a un grupo, dicen, con tal de crear empleo. ¿Por qué no mejor se elimina los impuestos a todos y se favorecen a todos sin preferencias ni privilegios de ninguna clase?

Las campañas hay que escucharlas con escepticismo. Hay que criticarlas con la razón y evidencias, ya que lo que parece obvio, no lo es.