Mirador

¿Qué nos dice Vargas Llosa en su nuevo libro?

Pedro Trujillowww.miradorprensa.blogspot.com

El título de la columna fue la pregunta de uno de los asistentes al foro, realizado en la librería Sophos, sobre el nuevo libro de Vargas Llosa titulado Tiempos recios. No tengo claro que un escritor pretenda dar consejos en historias noveladas, especialmente sobre un tema tan polémico y debatido como fue el período 1944-1954 en Guatemala. De hecho, los 32 capítulos del libro podrían haber pasado desapercibidos si no incluyera dos apartados —uno al inicio y el otro al final de la novela— titulados: Antes y Después. En ellos se planean dos hipótesis que sustentan la discusión de la obra.

La primera, cómo personajes asociados a la United Fruit Company lograron convencer a la administración norteamericana y a todos los medios de comunicación de que había una amenaza comunista en el país, y la hicieron reaccionar apoyando la invasión en 1954, algo que no se demuestra, pero que conduce la discusión de la novela en una determinada dirección. La segunda, contenida en el Después, sostiene que lo ocurrido determinó el ritmo de los sucesos posteriores incluida la revolución cubana y su incidencia en el continente.

Quizá, el problema en el análisis es que, como en otras cosas, nos miramos el ombligo sin escudriñar en el entorno de la época. En 1945, cuando Arévalo llegó al poder, dos presidentes norteamericanos —Roosevelt y Truman— acababan de participar con Stalin en las conferencias de Yalta y Postdam y repartido la Europa del final de la Segunda Guerra Mundial. La revolución rusa era una opción política en aquel momento porque demostró que se podía acabar con absolutismos monárquicos e instaurar un régimen político alejado de fascismos, nazismos y otras formas de dictaduras del momento, aunque más tarde se convirtiera en una de ellas. En otras palabras: el rechazo actual al comunismo —conocidos sus efectos— no existía patentemente en aquel entonces. Los EE. UU. y la Unión Soviética eran aliados y algunos autores afirman que Roosevelt admiraba a Stalin.

El regreso de los republicanos al poder con Eisenhower y el asalto al cuartel de la Moncada por Fidel Castro en Cuba (1953), además de la guerra de Corea, pudieron cambiar la forma de ver los asuntos internacionales, y lo permitido años atrás por los norteamericanos cambió drásticamente y alentó la invasión de 1954. Dicho lo anterior, de lo que poco o nada —a mi entender— se debate, y creo necesario porque el contexto puede explicar o aclarar ciertas cuestiones, sigo sin saber si Vargas Llosa quería decirnos algo con este libro, que fue la pregunta de Danilo en el evento.

El premio Nobel presenta su obra en un momento en el que hay una “particular” administración EE. UU. instigadora de la política internacional, pero también una dinámica guatemalteca que sustenta, como ha sido habitual, el mercantilismo como opción política, los favoritismos, la doble moral, la polarización, el relativismo en valores, la corrupción, los bajos indicadores de desarrollo, los gobiernos que “pasan sin pena ni gloria”, el conservadurismo más extremo y el papel de cierta facción militar insertada en un club de corruptos asociados con el narcotráfico y el crimen organizado. Es decir, la situación de 1944 y la del 2019 podrían tener un paralelismo en el que el tiempo únicamente ha hecho mella en el cambio de las formas, pero mantiene idéntico nivel de crispación.

¿Será ese el mensaje de Vargas Llosa? Lo desconozco, pero al menos me ha hecho pensar sobre todo lo dicho y especialmente sobre lo poco que hemos cambiado, y eso que ahora contamos con la experiencia y la ventaja de conocer los resultados históricos.