Liberal sin neo

Relato de una boquita

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Publicado el

En una charla dictada en 1963, James Buchanan planteó la pregunta ¿Cuál es el oficio del economista? —What should economists do?— Christopher Coyne relata que en esta exposición, Buchanan desafiaba la ortodoxia prevaleciente que trataba el problema económico de la sociedad, como uno de la asignación de recursos escasos a fines que compiten entre sí. Según Buchanan, el paradigma de asignación malinterpretaba la naturaleza de la ciencia económica y el papel del economista. Argumentó que la economía debiera enfocarse en las relaciones de intercambio y las instituciones dentro de las cuales ocurre.

Hace poco conversaba con un adolecente y al saber que soy economista me preguntó ¿de qué se trata la economía? Nos acababan de servir un plato que en Guatemala llamamos boquitas y ambos nos llevábamos a la boca una suerte de nacho con trocitos de pescado bañado en salsa. Le pregunté qué cuantas personas creía él que habían preparado lo que estábamos comiendo, a lo que me respondió que cuatro o cinco. Le respondí que habría requerido al menos un millón de personas, probablemente más, de muchos países. Me vio con cara de escepticismo y le pedí que volteara el plato —ya vacío— observando que estaba hecho en Italia. Pasamos revista de la cantidad de personas que trabajan en la fábrica del país donde se produjo el plato, traído en un barco construido en un astillero en Polonia, Noruega o Korea, con acero fabricado en China con hierro y carbón de Australia, con cableado de cobre chileno cubierto de plástico producido en Japón con petróleo de Arabia Saudita. Hablamos del nacho producido con trigo estadounidense o canadiense y pescado que podría ser peruano o de la costa atlántica de Guatemala. Le expliqué que para que disfrutáramos de esta delicia, trabajaron millones de personas, que no se conocen entre sí ni nos conocen y es una extraordinaria obra de cooperación y coordinación de planes, sin que exista un planificador o coordinador central. Millones de personas se benefician en esta larga cadena de valor y lo que gana uno, no significa pérdida para otro. Todo este proceso lo coordina el mercado; millones de intercambios voluntarios y el sistema de precios. La economía trata de entender este proceso de coordinación social y las instituciones —reglas del juego y las costumbres y prácticas que les dan sentido— en las que mejor se desenvuelven los actores.

Un fenómeno de este complejo proceso de coordinación y cooperación es la forma en la que usa o “apalanca” el conocimiento disperso de tantas personas. Esta es precisamente una gran falla de la planificación central de la economía; carece del conocimiento de lugar y ocasión, especializado, que no es dado a una persona o pequeño grupo de planificadores —fenómeno expuesto por Hayek en El uso del conocimiento en la sociedad (1945). Este autor fue también uno de los principales proponentes de la identificación del proceso de mercado como un orden espontáneo, no producto del diseño deliberado, sino resultado de la lenta evolución de la interacción humana. Nadie “inventó” el mercado, así como otro orden espontáneo, el lenguaje no fue inventado, sino surgió lentamente como proceso evolutivo facilitador y promotor de la coordinación y cooperación.

Nada es perfecto, el mercado tampoco lo es. Es provechoso comprender que cuando se le ponen obstáculos y excesiva regulación, lo que se obstaculiza es la cooperación y coordinación voluntaria entre personas, el mecanismo de creación de valor y superación personal. El mercado encierra más conocimiento del que pueda tener algún planificador social.

fritzmthomas@gmail.com