Ideas

¿Se puede rescatar a Latinoamérica?

Jorge Jacobs Fb/jjliber

Las semanas recientes nos han mostrado una serie de manifestaciones violentas, vandalismo, saqueos y caos en varios países de Latinoamérica.

Primero en Ecuador, luego en Chile y por último en Bolivia. Y en el ínterin, algunos conatos en Honduras y México. La situación es complicada y muy difícil de prever dónde terminará. Pareciera ser que Latinoamérica está sumiéndose nuevamente en la barbarie del siglo XX de la que apenas empezaba a emerger. ¿Es posible todavía rescatarla o estamos condenados a descender con Dante al infierno?

El caso más emblemático es el de Chile, que hasta la semana pasada se tenía como el país de la región que, luego de mucho esfuerzo, estaba logrando salir del subdesarrollo y aspirando a entrar al selecto grupo de países de “primer mundo”. Las reformas económicas hacia una economía más libre habían dado muy buenos resultados, sin embargo, los cambios realizados durante los gobiernos socialistas, en particular el presidido por Bachelet, descarrilaron varias de esas reformas y aumentaron el desasosiego en muchos.

Apenas se necesitó —aparentemente— una pequeña chispa como lo fue el incremento de menos del 5 por ciento en el precio del metro, para que se desatara violencia extrema en las calles de Chile. Desde fuera parecieran reacciones espontáneas, pero en realidad fueron iniciadas por grupos políticos interesados en desestabilizar al gobierno de Piñera, que fueron seguidos por muchos desencantados. La gran mayoría de los chilenos no han participado en ellas —no ha sido más del 2 por ciento de la población—, mucho menos en el vandalismo que se ha producido y los delitos que se han cometido alrededor.

Existen teorías que plantean que el régimen de Maduro, sostenido por la dictadura comunista cubana, ha iniciado una ofensiva tratando de desestabilizar a los países de la región. Según esta teoría, Maduro no solo intenta mantenerse en la presidencia, sino exportar su revolución y ampliar su esfera de influencia entre los países vecinos.

Carlos Sabino —a quien respeto y admiro— es partidario de esta teoría y explica, en un artículo reciente de Panampost, que es la misma estrategia que utilizaron Fidel Castro y el Che Guevara desde 1959, cuando promovieron guerrillas que, con mayor o menor éxito, asolaron Latinoamérica y contribuyeron a que surgieran, como respuesta, dictaduras militares y regímenes autoritarios.

Aunque no soy partidario de las teorías de la conspiración, no se puede obviar el hecho de que sí hay precedentes acerca de la organización regional de los grupos socialistas y comunistas, que tienen su vista puesta en alcanzar el poder —por la vía que sea— pero, especialmente, en mantenerse en el poder indefinidamente. A este componente hay que añadir que en los últimos años algunos de ellos han encontrado coincidencia de intereses con el crimen organizado, en particular con los carteles del narcotráfico, que les pueden proveer de muchos recursos, armas y logística —y como vimos en el caso reciente de Culiacán, están muy bien equipados, pero, más importante, entrenados—. Lo que es más, ellos mismos lo proclaman en declaraciones como las de Diosdado Cabello de que las “brisas bolivarianas están llegando a todo el continente”.

Definitivamente, estamos viviendo un tiempo decisivo para toda la región y no nos podemos quedar sin hacer nada. Este es el momento cuando la batalla de las ideas es más importante que nunca para definir el futuro de toda la región, y es necesario pelearla con todas las armas intelectuales y de persuasión pacífica de que dispongamos, si no queremos más adelante vernos enfrentados a otro tipo de armas.