Ventana

Tesoros olvidados

Rita María Roesch clarinerormr@hotmail.com

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¿Cuántos guatemaltecos conocen el Parque Arqueológico de Quiriguá, en Los Amates, Izabal? Si no lo han visitado se habrán perdido de las historias fascinantes que narran sus impresionantes estelas, como el Mito de la Creación del Mundo. Tampoco habrán admirado los zoomorfos, esas esculturas colosales de seres sobrenaturales que fueron tallados sobre grandes rocas y que muestran figuras con rasgos humanos y de animales como cocodrilos y jaguares. Para algunos estudiosos están relacionados con el calendario lunar. Cuando los observo siento una extraña emoción. Percibo que el artista expresó un código secreto que describe mundos ajenos a nuestra mentalidad moderna y occidental, “pero que siguen estando allí”, cantó el Clarinero.

Desde tiempos inmemoriales, en Mesoamérica, los mitos nutrieron el imaginario de las poblaciones mayas prehispánicas. El mito de la Creación del Mundo es un relato fantástico que versa sobre la colocación de tres piedras o “tronos” por los dioses remeros en distintos lugares del cosmos. Las tres piedras estaban relacionadas con la constelación de Orión. La nébula del centro estaba asociada al fuego cósmico. Este mito fue el tema central del “programa escultórico” que dirigió el rey más importante de Quiriguá: K´ak´ Tiliw Chan Yopaat. Yopaat significa “que quema el cielo con fuego”, o sea, la divinidad del relámpago. Para los estudiosos, la Gran Plaza de Quiriguá simbolizaba un gran espacio acuático. Las estelas C, D, E y F fueron colocadas espacialmente de acuerdo con los cuatro árboles que soportan las cuatro esquinas del cielo, como si fueran los soportes de una casa. Los arqueólogos José Crasborn y Camilo Luin comentan: “Los mayas antiguos concebían al mundo como una gran casa que flotaba en un mar primigenio”. Esas cuatro soberbias estelas fueron sembradas firmemente como “árboles de piedra”. Cuando me acerco a la estela E, ¡imponente!, de 10.60 metros de altura, la más alta de Mesoamérica… enmudezco. El escriba-escultor talló en la piedra arenisca el retrato de K’ahk´ Tiliw. El rostro del gobernante lleva múltiples tocados de máscaras y en sus brazos sostiene un escudo redondo y un cetro con el dios Kawiil, el símbolo de la abundancia y del poder real. Las inscripciones jeroglíficas de esta estela conmemoran el día en que asumió el poder, en el año 724 d.C. Registra también la observación de eclipses y la celebración del fin de Katún. ¡Increíble! ¿Por qué K’ahk Tiliw recurrió al mito de la Creación? Porque durante su período fundó una nueva ciudad, un nuevo poder, luego de haber liberado a la ciudad de Quiriguá del vasallaje de Copán. Los gobernantes también eran sacerdotes. Por medio de ritos se comunicaban con los dioses y sus ancestros. Eran el canal de contacto con otros mundos como el plano celeste y el inframundo.

En la estela C de Quiriguá vemos al frente la imagen de K’ahk’ Tiliw. Sin embargo, en el lado Este, el escultor inscribió detalladamente el mito de la Creación con el registro de la fecha: 13 baktunes 4 Ajaw 8 Kumk’u’ que corresponde al día gregoriano 13 de agosto del año 3,114 antes de Cristo. A partir de esa fecha, el maya inicia la cuenta del tiempo. Los epigrafistas tradujeron esta asombrosa historia así: [Ésta es] la cuenta del tiempo: trece b’aktunes, cero k’atunes, cero años, cero meses, cero días, [en el día] 4 Ajaw 8 Kumk’u, se manifestaron las k’o’b’ [tres piedras del hogar]. Tres piedras fueron atadas: los [dioses] Remeros hincaron una piedra; sucedió en Naah Ho’ Chan [Casa-Cinco-Cielo]; era una piedra-jaguar; Ik’ Naah Yax… hincó [otra] piedra; sucedió en…?; era una piedra-serpiente; entonces ocurrió la atadura de piedra de Naah Itzamnaaj; era una piedra-agua; ocurrió en Ti’ Chan [Borde-del-Cielo]. Fue el lugar de las primeras tres piedras. Terminó el trece pik [b’aktun]. Lo supervisó el Señor de Wak Chan [Seis-Cielo].

Admiro cómo el maya sembró el universo en su vida y lo recreó al edificar sus ciudades. Admiro cómo lo interpretó en sus mitos y cómo lo vivió día a día en el fogón de sus cocinas, al punto de que estas tres piedras y su fogón siguen estando “sembradas” hoy en miles de hogares mayas de Guatemala.