Desde Ginebra

Comercio, inversiones y el desarrollo sostenible

En septiembre de 2015, los líderes del mundo adoptaron en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un conjunto de objetivos para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad. Forman parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible. Los ODS son sucesores de los  Objetivos de Desarrollo del Milenio 2000-2015 (ODM).

Cada ODS tiene metas específicas que deben alcanzar los países para el 2030. El Objetivo No. 8 trata de promover el crecimiento económico, inclusivo y sostenible. Este incluye el empleo pleno, productivo y decente para todos.

Este octavo objetivo relaciona directamente al comercio y la inversión con el desarrollo sostenible. Al vincularlo enfrenta enormes desafíos, tomando en cuenta que miles de millones de personas en el mundo siguen viviendo en la pobreza, privadas de una vida decente y digna. Lo peor es que al no alcanzar los ODS su objetivo, aumentaría cada vez más la pobreza a escala mundial, incrementando las desigualdades.

El mundo sabe que las iniciativas para reducir la pobreza deben ir de la mano de estrategias y políticas que favorezcan el crecimiento económico, con la mejora de ingresos de los ciudadanos. Se debe abordar simultáneamente una serie de necesidades sociales, entre ellas educación, salud, protección social y oportunidades de empleo decente.

No obstante lo anterior, este también es un momento de grandes oportunidades. Desde un punto de vista optimista, hay que reconocer que en las últimas décadas cientos de millones de personas han salido de la pobreza extrema, incrementándose considerablemente el acceso de niños y niñas a la educación.

El comercio y la inversión con reglas claras y permanentes, basadas, entre otros, en la erradicación del trabajo forzoso, la trata de personas y poniendo fin al trabajo infantil fue la inspiración de los objetivos acordados en septiembre del 2015 de los líderes mundiales que suscribieron estos nobles objetivos.

Con esto todos los países salen ganando, generando acceso a puestos de trabajo que requieren mayor preparación con mejor remuneración, creando una pujante fuerza de trabajo sana, con buena formación y conocimientos y aptitudes necesarios para un trabajo productivo y gratificante que participe plenamente en la sociedad.

Sin embargo, para que el comercio y la inversión cumplan plenamente su función, se deben dar las condiciones adecuadas y en esto entran muchos elementos en juego. A nivel mundial, las estimaciones de Naciones Unidas señalan que tan solo los países en desarrollo necesitarán 2.5 billones de dólares al año adicionales en inversión extranjera e interna para poder cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Muchos gobiernos no disponen de los recursos públicos necesarios para crear la infraestructura que requieren. Por lo tanto, una gran parte de las inversiones en infraestructura deberá apoyarse de cooperación de otros socios cooperantes. A esto hay que resaltar que la inversión en infraestructura es tan solo un aspecto de esta cuestión. Las inversiones también deberán ayudar a superar las limitaciones de la oferta, promoviendo la diversificación de la estructura productiva, reduciendo la dependencia de las exportaciones de productos básicos y añadiendo valor al producto exportado.

La adopción de medidas para crear un entorno más propicio para la inversión haría que estos países resultaran más atractivos para una inversión extranjera directa productiva y sostenible, tanto en infraestructura como en activos productivos. Si las condiciones son las adecuadas, todos saldremos ganando.

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