EDITORIAL

Crece la presión

Crecimiento económico y desarrollo están condenados al estancamientos si los gobiernos no hacen el mayor esfuerzo en combatir la corrupción, sentenció el pasado viernes el Fondo Monetario Internacional, durante las reuniones anuales que celebran junto al Banco Mundial.

Los expertos agregan además que no solo es el ejercicio de la inmoralidad en los cargos públicos lo que lastra el desarrollo, sino que a ellos se suma la ineficiencia de las autoridades, lo que contribuye de manera determinante a frenar cualquier posibilidad de avance y se vuelve mucho más pernicioso cuando tampoco se atiende la inclusión y la sostenibilidad en los programas gubernamentales.

Al respecto, el pasado jueves, durante el Encuentro Nacional de Empresarios, el presidente del Cacif, Antonio Malouf, fue categórico al demandarle al ministro de Comunicaciones salir del letargo y ponerse a trabajar, porque la red vial está en una de las situaciones más calamitosas de las últimas décadas.

Un detalle que por cierto ubica a Guatemala entre los países menos competitivos, porque además el deterioro de la infraestructura vial encarece el costo de los productos y limita las posibilidades de desarrollo de miles de personas que no tienen vías de comunicación adecuadas para comercializar sus productos, en un país donde ni siquiera se ha construido un kilómetro de carretera en la última década.

Es evidente que la construcción de obra pública está atada a la corrupción, pero también lo es que fuera de Guatemala es mucho más contundente esa percepción y lo que aquí no se quiere entender es que esa conducta criminal en el manejo de recursos públicos deberá tener consecuencias para muchos sectores, y a ello se debe que la diplomacia estadounidense busque mecanismos para imponer castigos con políticos de otras naciones pero sin afectar a la mayoría.

Por eso es que el FMI llama a los gobiernos a combatir ese flagelo, porque es incontenible el malestar ciudadano en contra del abuso de poder y el pillaje de los recursos públicos, y por ello se insiste en el llamado para que los gobiernos vean en esa dramática situación una oportunidad para erradicar la corrupción en las distintas esferas del Estado.

El mismo llamado hizo frente a los empresarios el jefe de Gabinete de la Organización de Estados Americanos, Gonzalo Koncke, quien en nombre del secretario general afirmó que “nuestros países son víctimas de los graves daños que causa la corrupción” y que “el desapego a la ley y a las reglas de igualdad de oportunidades ahuyenta la inversión productiva y erosiona los recursos indispensables para superar la pobreza”.

El gran problema en Guatemala radica en la debilidad y opacidad con la que se conducen los grandes liderazgos, pero también porque a los más altos niveles llegan las acusaciones de la justicia y lejos de enderezar el rumbo se percibe una siniestra alianza para extender el manto de impunidad sobre quienes han abusado de sus más altos cargos y dirigen sus esfuerzos a entorpecer el funcionamiento de la justicia.