Pluma invitada

DD. HH.: agenda de transformación

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Cada 10 de diciembre celebramos el Día de los Derechos Humanos, como una oportunidad para renovar el compromiso por hacerlos una realidad para todas las personas.

Han pasado casi 70 años de aquel lejano 1948 en el que se suscribió una de las Declaraciones más importantes para la humanidad, en la que mujeres y hombres —sin importar su diversidad— ven reflejadas sus más altas aspiraciones de vivir con igualdad, dignidad y libertad.

En cada uno de los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se recogen principios indispensables para alcanzar el bien común, la justicia, el desarrollo pleno y la paz. En aquel momento, el mundo salía de una guerra marcada por la tragedia y el horror; la intolerancia y la violencia fueron los códigos que sellaron esa época y hubo un consenso generalizado sobre la necesidad de que aquello nunca volviera a repetirse.

Hoy, lamentablemente, en Guatemala como en muchos lugares del planeta, miles de seres humanos enfrentan hambre, pobreza, violencia indiscriminada y sufren las consecuencias de los conflictos bélicos, del racismo, la xenofobia y la intolerancia hacia lo diverso y lo diferente.

La salud, la educación, la seguridad, el acceso al agua potable, a la justicia, son derechos inalienables, que debemos continuar defendiendo. Como expresa el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad Al Hussein: “Si permitimos que flaquee nuestro compromiso de defender los derechos humanos —si miramos hacia otro lado cuando se violan— esos principios se marchitarán paulatinamente y al final perecerán. Si eso llegara a ocurrir, el costo en sufrimiento y vidas humanas sería inmenso y toda la humanidad tendría que pagar un precio muy alto”.

Por eso es alentador el enorme compromiso y el incansable trabajo que las y los defensores de derechos humanos —incluidos las y los jóvenes que participan activamente— realizan por transformar Guatemala. A pesar de las amenazas, el acoso, las campañas de descalificación y los esfuerzos de sectores poderosos por mantener una sociedad construida sobre la exclusión y la impunidad, hay una sociedad civil impresionante y vibrante —como la calificó el Alto Comisionado en su visita a Guatemala— que busca seguir adelante con las reformas necesarias para garantizar un Estado democrático, basado en el estado de derecho y guiado por los principios de derechos humanos.

Este 10 de diciembre es una nueva oportunidad para que las y los guatemaltecos reflexionen sobre el país que tienen y el que quieren construir. Retomo las palabras del Alto Comisionado sobre cómo Guatemala es para una pequeña minoría “un país moderno y funcional donde se concentra el poder económico y político” y para el resto de la población “un país donde han enfrentado toda una vida de discriminación, marginación y los efectos perniciosos de la corrupción y la impunidad”.

Debemos preguntarnos cuántos jefes de Estado, congresistas, jueces y juezas, maestros, periodistas, niños, niñas y jóvenes han leído la Declaración. Conocerla nos permite participar y actuar para transformar.

El desafío está ahí: en la transformación hacia una sociedad incluyente y respetuosa de su diversidad y sus diferencias. La Oficina del Alto Comisionado está aquí, para acompañar a las y los guatemaltecos en este camino de cambio.