Ideas

¿De qué se extrañan?

Jorge Jacobs Fb/jjliber

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Lo más triste de la consolidación de la dictadura en Venezuela es que mucha gente hasta ahora se sorprenda de lo que está pasando. Uno esperaría que a estas alturas de la historia la gente por lo menos tuviera referencias de lo que ha pasado antes en otros lugares; sin embargo, la triste realidad es que no lo tienen. Para cualquiera con el mínimo atisbo de historia, la crisis actual de Venezuela era lo que había que esperar desde hace años. Triste, las mismas desgracias se siguen repitiendo montadas en los hombros de los ingenuos y los ignorantes. ¿Cuándo entenderemos?

Hago constar que con ingenuos e ignorantes no me refiero al estereotipo de gente pobre y sin educación. Nada que ver, ellos tienen algo más importante: sentido común. Me refiero, lamentablemente, a gente que supuestamente se ha educado, tiene “mundo”, ha viajado, se ha codeado con otros “intelectuales” y/o “poderosos” pero hasta la fecha no se explican cómo un país con tantos recursos como los que tiene Venezuela —supuestamente tiene las reservas petroleras más grandes— pueden vivir en tan grande miseria. No se explican cómo, siguiendo procesos democráticos, han podido llegar a una tiranía.

Era de esperar desde que Hugo Chávez llegó al poder y se alió con los Castro que su intención era quedarse en el poder hasta su muerte —cosa que logró—. Desde el principio estuvieron claras sus intenciones, a las cuales intentó darles alguna apariencia de legitimidad, pero la ruta estaba clara: toma de control de todas las instituciones, cambio de la Constitución para “legitimar” muchos de sus cambios, acabar con la iniciativa privada, controlar la actividad económica.

Con lo astuto que era Chávez y a sabiendas de que las cosas ya no eran como durante el siglo XX, trató de darle la apariencia de legitimidad, pero mientras tanto fue implantando un sistema de control gracias a sus aliados cubanos. Lo que no pudo —ni los asesores cubanos porque para eso sí son completamente incompetentes— es lograr que la “economía socialista” funcionara. Así, mientras iba haciéndose cada vez de más poder, la economía de los venezolanos iba de mal en peor. Para lo que sí son expertos los cubanos es para echarle la culpa de sus fracasos a otros y eso fue exactamente lo que hizo Chávez: no eran fracasos del socialismo, eran ataques del imperio y de sus aliados.

A Chávez lo salvó la muerte —aunque algunos dicen que iba disfrazada de los Castro— de tener que enfrentar las consecuencias de sus decisiones. Lamentablemente, la pesadilla para los venezolanos no terminó con su muerte. Todo lo contrario, empeoró con Maduro y con quienes manejan los hilos del poder detrás de él.

Ya está comprobado hasta la saciedad: el socialismo —el estatismo en general— tarde o temprano llevan hacia la miseria y el autoritarismo. No puede mantenerse sin pasar por sobre la libertad, la voluntad y los derechos de las personas —de allí el autoritarismo— y por definición, no son un sistema creador sino expoliador —aparte de corrupto— por lo que el único resultado natural es la miseria de todos, menos de los corruptos que detentan el poder.

El caso de Venezuela no podía ser distinto. De nada le sirvieron sus vastos recursos naturales, porque el problema es del sistema. Y no solo es el socialismo, sino el sistema “democrático”, en donde no hay una verdadera república con pesos y contrapesos que eviten que cualquier persona o grupo de personas puedan tomar el poder total.

Es triste y desgarradora la situación en Venezuela, pero a nadie le debería sorprender, repito, el desenlace natural del socialismo es la miseria y el autoritarismo.

Fb/jjliber