Imagen es percepción

Después de la soberbia viene la caída

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

Quién no recuerda la época dorada de Roxana Baldetti. No solo llegó a ser la mujer más influyente y poderosa de Guatemala, sino que tuvo la oportunidad de poner al género femenino en alto, marcar la historia y ser recordada como la primera vicepresidenta de un país donde prevalece el machismo.

Baldetti echó al caño esa oportunidad, fue una funcionaria que ejemplificó los antivalores, dispuesta a todo por llegar al poder y con una ambición desmedida, estableció una cercana relación con el general para lograr ocupar un lugar prominente dentro del Partido Patriota. Por su carácter dominante y controlador se fue abriendo paso hasta ubicarse a la cabeza incluso del propio Pérez Molina.

Cada día “la dos” se volvía más altiva y soberbia, incluso sus desquiciadas declaraciones ante la prensa sonaban cínicas y ridículas, lo que provocó irse ganando la antipatía no solo del pueblo, sino de los medios de comunicación.

Autoritaria, prepotente y abusiva; ni siquiera el propio presidente actuaba de esa forma. Él, al menos, era educado y trataba amistosamente a los periodistas. La señora Baldetti se caracterizaba por lucir exceso de joyas, vestidos y accesorios carísimos; lo que abrió los ojos de muchos que la empezaron a esbozar como una mujer poco sensible ante las necesidades de un país donde hay tanta pobreza y miseria.

Al final era percibida como alguien materialista, obsesionada por cirugías de liposucciones, botox y uso de máquinas rejuvenecedoras. La “R” vivía terriblemente alejada de la realidad nacional, era vox populi el derroche de dinero y excesos en sus casas, fincas, autos y viajes.

Todas estas acciones con poco sentido común y falta total de sabiduría la llevaron a ser la mujer más odiada del país, al grado de que surgió un movimiento cívico para exigir su renuncia y enjuiciamiento. Aún en el juicio mantuvo su acostumbrada agresividad y prepotencia con el juez. ¡Increíble!

Hoy la primera condena contra Roxana Baldetti ha sido pronunciada: 15 años, seis meses de cárcel. “Poco tiempo”, dicen muchos; otros exigen que devuelva el dinero. Este bochornoso caso del “agua mágica” tipifica la manera como actúan los funcionarios públicos en este país, pero también debe ejemplificar que ahora hay una esperanza de justicia porque el combate a la corrupción ya dio sus frutos y quienes estén en el gobierno deben actuar con transparencia o verse en el espejo de Baldetti.

A ella aún le faltan varios procesos judiciales en los que está sindicada: La Línea, Cooptación del Estado y su extradición a Estados Unidos, donde también la reclaman.

Si es que llegara algún día a salir de la cárcel y los billetes que guardó en las caletas no tienen moho, jamás tendrá paz para disfrutar todo ese dinero mal habido, con el que pudieron comprarse medicinas para los enfermos, construido escuelas, carreteras y hospitales. ¿Cuántos niños desnutridos pudieron haberse salvado con el dinero que esta funcionaria extrajo de las arcas del Estado? Solo Dios lo sabe.

La exvicepresidenta tuvo el privilegio y el poder para ayudar y cambiar el futuro de millones de personas, sin embargo, decidió seguir el camino de la corrupción. ¿Como serán las noches de Baldetti cuando pone su cabeza en la almohada y no puede dormir? A su mente deben llegar los insultos, las burlas y las acusaciones de un pueblo herido por sus viles acciones.

Al final esta condena ha enviado un mensaje positivo a los guatemaltecos: “Sí se puede combatir la corrupción y la impunidad en el sistema de justicia guatemalteco”. Baldetti es solo uno de los personajes que practican la corrupción en el país, pero andan libres cientos de funcionarios públicos, haciendo lo mismo o peores fechorías que las que ella cometió.

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