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Aciertos en vacunación deben reproducirse

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A la luz de las semanas y los meses que van del proceso de vacunación se mantienen los recurrentes retrasos, la repetición de largas esperas y los constantes agotamientos súbitos de dosis disponibles. De no ser porque el suministro de vacunas es una cuestión literalmente vital, el Gobierno podría tomarse todo el tiempo que desee para completar la inmunización poblacional. Pero dado que se trata de un asunto que puede marcar la diferencia de vida o muerte para muchas personas, tales contratiempos tienen dos lecturas posibles: una total negligencia logística de Salud que le imposibilita aprender de los errores, o bien una maniobra adrede para mantener concentrada la atención pública en los avatares de un proceso que a estas alturas debería ser expedito, organizado, con citas puntuales y atención en horario extendido.

Cierto es que hasta ahora decenas de salubristas y voluntarios laboran en la aplicación de las vacunas, pero existen sin duda muchos más guatemaltecos con alguna experiencia en enfermería que bien prestarían servicio en el afán de acelerar la inoculación de miles de personas adicionales a diario. Las filas no solo son contraproducentes en tiempos de alta detección de nuevos casos, sino una inconveniencia para las personas que trabajan y deben abandonar sus labores hasta por una jornada completa. La incertidumbre sobre el acceso a segundas dosis y la falta de información certera del Ministerio de Salud suman a la percepción de prioridades desenfocadas.

La donación de millones de dosis eliminó el pretexto de escasez, por lo cual resulta inexplicable la parsimonia en el proceso. Cabe hacer notar que en áreas urbanas se ha vacunado un 17% de la población, pero en zonas rurales solo un 6.5% ha recibido al menos una dosis.

Es posible que la curva de aprendizaje para las autoridades haya sido muy pronunciada, pero es momento de aplicar soluciones creativas, innovadoras y, sobre todo, ambiciosas, para acelerar el plan de vacunación, sobre todo a la población económicamente activa. De los errores se puede aprender, pero también de los aciertos, y es por ello que resulta valiosa la experiencia de vacunación en Ixcán, Quiché, en donde el porcentaje de vacunados llega al 33%, a pesar de las distancias y el difícil acceso. Algo deben estar haciendo muy bien, y eso hay que reproducirlo a escala nacional, a menos, claro, que se insista en mantener el rezago por razones distractoras.

Las claves del exitoso avance de la vacunación en 21 municipios de dicha región estriban en la participación de líderes comunitarios y consejos de Desarrollo, así como autoridades ancestrales; primero, para eliminar los prejuicios, miedos infundados y combatir la desinformación. La logística no ha sido obstáculo, pues el 75% de la región es rural y aún así avanza en la inoculación.

Conferencias y reuniones comunales se efectuaron en las aldeas y caseríos para responder a dudas con pertinencia cultural. Además, los propios líderes de Cocodes predicaron con el ejemplo y se vacunaron, no como un privilegio, sino como una prueba de la seguridad del proceso. El trabajo no ha terminado y ahora se está tratando de llevar el modelo testimonial participativo a municipios como Raxruhá y San Pedro Carchá, Alta Verapaz. Paradójicamente, en San Marcos se han registrado protestas de personas que fueron desinformadas por seudolíderes religiosos, quienes con falacias dogmáticas crean temor y rechazo a la inmunización, una perversa forma de tener prosélitos, pues los pueden conducir a la muerte misma.