EDITORIAL

Es urgente salvaguardar la cuenca El Mirador

Ambiciones solapadas, ignorancia supina, cortoplacismo e intereses ajenos a la conservación patrimonial asedian a la cuenca natural y arqueológica El Mirador, en el norte de Petén. Esos factores se han conjugado de diversas maneras, incluso a través de campañas de desinformación, para evitar que este valioso ecosistema de 2,500 kilómetros cuadrados —único en el mundo por su dimensión y complejidad— sea declarado oficialmente como una zona nacional de protección especial. Tal estatus no le restaría potencial económico, sino que lo prolongaría y multiplicaría como polo sostenible de turismo ecológico y cultural de talla mundial.

Desde hace casi cuatro décadas, el arqueólogo estadounidense Richard Hansen se ha dedicado a descubrir y proteger las maravillas erigidas por la civilización maya en este territorio. En 2016 sorprendió al mundo al exponer la gran cantidad de estructuras y ciudades prehispánicas cubiertas por la selva, mediante un mapeo del subsuelo con tecnología lidar. El planteamiento de Hansen es simple y lógico: los guatemaltecos deben proteger el mayor pulmón de Mesoamérica y el mayor yacimiento arqueológico maya de todo el mundo, que le pertenece a todo el país, según ha declarado de manera enfática y repetida.

El proyecto de protección de este tesoro guatemalteco ha sido expuesto varias veces a funcionarios y diputados guatemaltecos. La respuesta ha sido silencio e inacción. Existe una iniciativa del Congreso de EE. UU. llamada Alianza de Seguridad y Conservación Maya de la Cuenca Mirador, que donaría US$60 millones para la conservación del sitio, pero a nadie del actual gobierno parece importarle e incluso está en riesgo el permiso para que Hansen y su equipo, en el cual trabajan 40 arqueólogos guatemaltecos, prosigan estudios en el área.

No es difícil conjeturar ambiciones de allegados oficialistas que busquen vías para expoliar la región, ya sea por trasiego de madera, explotación petrolera y oscuros planes para copar el potencial turístico del área, en detrimento de las comunidades y ecosistemas. En ese afán se ha acusado a Hansen de querer construir un “disneylandia” en el área, cuando en realidad impulsa lo contrario: la zona núcleo debe ser protegida al máximo para bien de las futuras generaciones de guatemaltecos.

Funcionarios muy cercanos a la Presidencia y que suelen presumir supuestos logros en materia de gestión cultural guardan sospechoso silencio respecto de garantizar la protección integral de El Mirador como una obvia prioridad de interés nacional, pero fingen desinterés. ¿Qué pasaría si hoy se descubriera un sitio como Tikal, que atrae a decenas de miles de visitantes al año? Mirador tiene 50 veces más estructuras, posee calzadas de seis metros de ancho, fue la cuna de la civilización maya y la primera ciudad-estado del continente: es una auténtica joya que está en peligro.

Recientemente, el actor y productor de cine Mel Gibson visitó de nuevo el sitio. Él ha sido benefactor, junto a varias instituciones, de proyectos de investigación, es ferviente admirador de la cuna del la civilización maya y dijo sentirse maravillado del avance de la consolidación de las majestuosas estructuras, entre ellas la colosal Danta. Pero lo que más le sorprendió es que los depredadores naturales y arqueológicos se encuentran al asedio sin que existan acciones coherentes de las autoridades para conservar el lugar y su recuperación. “Es claramente el hallazgo más grande del hemisferio occidental y nadie parece preocupado” es una observación lapidaria y penosa que no debería dejar indiferente a la ciudadanía.

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