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Estrechar el cerco contra tiranía de Maduro

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En nombre de la soberanía, el chavismo-madurismo-militarista ha incurrido en una de las más despreciables acciones que solo pueden ocurrir bajo un régimen tiránico: frenar a sangre y fuego el paso de ayuda humanitaria para miles de venezolanos que esperan medicamentos y alimentos, ante la grave situación económica y de precariedad por la que atraviesan.

El sábado recién pasado, el día programado por la comunidad internacional, el presidente designado, Juan Guaidó, el secretario general de la Organización de Estados Americanos y los presidentes de Colombia y Chile se intentó hacer llegar la ayuda a las víctimas de la tiranía, pero las fuerzas armadas de Venezuela cerraron el paso, abrieron fuego contra opositores que buscaban romper el cerco para distribuir la asistencia y se reportan al menos cuatro muertos y decenas de heridos.

La problemática no ha hecho más que empeorar durante los últimos días, porque el empecinamiento gubernamental ha cerrado el paso a cualquier posibilidad de desentrampar la crisis, por lo que aumenta el clamor de los venezolanos y de otros sectores por una intervención militar. Esta acción es rechazada por la mayoría de países que han desconocido a Nicolás Maduro como presidente legítimo, aunque la diplomacia de Washington no deja de amagar con esa posibilidad.

Si bien el régimen de Maduro está al borde del precipicio, la opción militar es lo primero que debe descartarse, porque como bien lo dijo The New York Times en su editorial del pasado 21 de febrero, los militares deben abandonar al tirano, pero no es (Donald) Trump quien debe decirles qué hacer, sobre todo viniendo de un mandatario que ha mostrado predilección por algunos regímenes tiránicos.

Una intervención armada de Estados Unidos puede representar el inicio de una confrontación de imprevisibles consecuencias que, como suele ocurrir con los grandes conflictos, todos saben cómo y cuándo empiezan, pero nadie sabe cuánto pueden prolongarse y cuáles sería sus consecuencias. Latinoamérica constituye una región con suficientes ejemplos de lo irracional que pueden llegar a ser tales enfrentamientos, que arrojan un historial de efectos catastróficas.

La tiranía venezolana parece hoy más tambaleante que nunca, y cuando la mayoría de países europeos se resisten a acompañar cualquier intervención armada es porque claramente se ve que en el terreno diplomático podrían existir más posibilidades de beneficio para los venezolanos en el corto plazo, mucho más que una intervención directa de Estados Unidos, que además acumula un largo historial de complicar más las cosas en la mayoría de países en los que ha intervenido.

Se deben agotar los recursos diplomáticos para acabar con la tiranía y reencauzar a Venezuela por la senda de la plena democracia, para que el mensaje quede claro para los regímenes tiránicos como los de Cuba y Nicaragua de que no deben seguir abusando de su población.

La comunidad internacional también está obligada moralmente a impulsar acciones contra los otros gobiernos que están dando los primeros pasos en la instauración de modelos poco democráticos, limitando garantías esenciales y acosando a quienes demandan transparencia y honestidad de los gobernantes. No se deben tolerar regímenes que favorecen la corrupción y ensanchan el manto de impunidad, porque es mucho más traumático lidiar más tarde con tiranos aferrados el poder.