Editorial

Evidente insensibilidad

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Una vez más se verifica el lamentable ritual anual de desprecio a las bellas artes, las expresiones estéticas y las vocaciones creativas de la música, la danza, la literatura y las disciplinas visuales: la asignación presupuestaria para el Ministerio de Cultura no solo es la más baja de todo el plan de gasto, sino que además va mayoritariamente, por precepto constitucional, a la supuesta promoción del deporte, lo cual de suyo no es malo pero ha sido convertido en botín clientelar, herramienta propagandística y ardid publicitario intrascendente.

No solo son las manifestaciones artísticas las víctimas de la insensibilidad, la ignorancia y la indolencia: el patrimonio cultural, arqueológico y colonial del país también padecerá la reducción de fondos disponibles para su cuidado y restauración, a pesar de ser protagonistas de primer orden de la promoción turística del país, imagen recurrente de folletos, sitios y publicaciones gubernamentales, leit motiv de tantos discursos de funcionarios que van y vienen.

Es imposible pedirle peras a los alcornoques, y no extrañan las prioridades marcadas gobierno tras gobierno y nuevamente reproducidas por los diputados de la Comisión de Finanzas, que recientemente le dieron dictamen favorable al proyecto del 2020.

En cada año gubernamental y ciclo presupuestario se evidencia la necesidad de mayor inversión en la preservación de la monumental riqueza histórica del país, la promoción de los jóvenes talentos creativos, la protección de manifestaciones declaradas patrimonio cultural intangible y la creación de nuevos espacios para la exposición de piezas prehispánicas, obras de arte contemporáneo y documentos de incalculable valor que no solo enriquecerían a los guatemaltecos, sino que podrían convertirse en un imán de visitantes.

Desde hace décadas se relega el potencial cultural del país, no solo representado por bienes muebles e inmuebles, sino sobre todo por la rica imaginación de tantos niños y jóvenes que se forman en diversas disciplinas artísticas, en medio de precariedades que resultan denigrantes si se consideran las decenas de miles de quetzales gastados en antojos gastronómicos para diputados, en viajes que no traen ningún beneficio, en trajes, accesorios y caravanas de ostentosos vehículos rodeados de seguridad.

Los pretextos abundan para justificar las compras de armas y equipo militar, pero nunca se ha escuchado a un mandatario defender el cultivo de la sensibilidad, el arte como herramienta contra la violencia, la literatura como instrumento de reflexión y enriquecimiento ciudadano.

Grandes creadores nacionales han fallecido sin tener recursos dignos para vivir sus últimos días de vejez o padecimientos. La situación se prolonga a falta de recursos en la cartera de Cultura y Deportes, cuyo principal promotor y fundador, el maestro Elmar Rojas, ya fallecido, se lamentaba tanto por aquella disyuntiva que distorsionó toda una visión humanista y lo sigue haciendo. Solo queda esperar que el próximo gobierno designe a una persona capacitada, con gusto por las artes y sensibilidad por el tesoro patrimonial del país.