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Golpes populistas y un gancho a la emoción

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Es probable que la controversial y convenientemente breve pelea a puñetazos entre los alcaldes de Mixco e Ipala, ataviados con indumentaria boxística, no pase de ser una anécdota jocosa surgida a raíz de una competencia por llamar la atención en redes sociales, un campo que tanto el mixqueño Ernest Steve Bran y el ipalteco Esduin Jerson Javier se han esforzado por cautivar, y no precisamente exponiendo conceptos intelectuales, estrategias de desarrollo económico o planes de competitividad, sino construyendo personajes que exhiben ocurrencias, apelan a la simpatía popular y crean escenarios emotivos para generar narrativas simplistas, en blanco y negro, bien y mal, pobreza y riqueza, agrado o desagrado.

Sin embargo, poco después de la supuesta derrota de Bran en un minuto y medio en el cuadrilátero, surge un indicio que lleva a sospechar de un posible plan de posicionamiento de imagen a nivel nacional, que es el primer requisito de todo político que ambicione ulteriores metas: en un video, el referido alcalde pasó de hablar de la pelea a develar “casualmente” sus posibles aspiraciones presidenciales bajo el argumento de que él consigue cuanto se propone, un golpe dirigido a la viralidad digital.

Horas después circuló en redes sociales un oficioso mensaje, de un internauta “anónimo” que exalta supuestas bondades del combate: la atención colectiva generada, la originalidad de una idea sórdida concretada en un escenario de provincia, la exhibición de boxeadores jóvenes, la diversión masiva y hasta los donativos que se harán con la recaudación. Pero a la vez se anticipa a descalificar las críticas, elogia a los improvisados contendientes y lanza una “casual” alusión a futuras elecciones presidenciales.

El solo hecho de revelar motivaciones electorales puede acarrear consecuencias legales para el alcalde Bran, puesto que la etapa de comicios ya pasó. Sus acciones y discursos deberán ser analizados en adelante bajo esa óptica de interés manifiesto, incluso por las autoridades del Tribunal Supremo Electoral.

Más allá de las risas y bromas generadas por el peculiar zafarrancho, los pobladores de ambos municipios se encuentran sujetos a la calidad de gestión ante los desafíos reales, y las soluciones requieren de acciones mucho más complejas, meditadas e implementadas por un equipo serio de trabajo. Los guatemaltecos han sufrido en carne propia los duros golpes que acarrea elegir candidatos prefabricados a base de recetas artificiales. La era digital ha traído la posibilidad de mayor interacción, pero también de recopilación de perfiles poblacionales mediante estadísticas de preferencias, costumbres y hasta localización geográfica.

La clase política guatemalteca está obligada a reinventarse mediante la preparación académica y técnica para subsanar los rezagos nacionales creados por gobiernos y congresos precedentes. A estas alturas de la historia, las estratagemas populistas que apelan a la emoción, la polarización, la creación de enemigos simbólicos y las poses de humildad que solo enmascaran ambiciones constituyen un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. El desafío de trazar una visión nacional exitosa de futuro se encuentra pendiente y no es nada sencillo de lograr, pero el primer paso es asumir un compromiso ético y un espíritu crítico que exija resultados concretos a todo funcionario electo. Cualquier otro tipo de excusas, evasión de responsabilidades y apelaciones emotivas son un claro aviso de peligro.