EDITORIAL

Jóvenes son sujetos y no objetos de decisión

La cifra es elocuente: 1.5 millones de ciudadanos guatemaltecos jóvenes aún no se han registrado para votar, a menos de dos semanas del cierre del padrón. Las causas son diversas y van desde migración hasta el más simple y llano desinterés por el nuevo proceso electoral, en el cual este segmento de población no tiene expectativas.

El fenómeno de la apatía juvenil hacia la actividad política no es exclusivo de Guatemala, pues a lo largo de América Latina el tema se ha analizado desde diversas perspectivas e identifican, dentro de sus factores, la poca participación que dan los partidos, la marginal atención que brindan los Estados y el espíritu de individualización que han acarreado las nuevas tecnologías y formas de comunicación.

Por otra parte, existen variantes de activismo que no son estrictamente políticas pero que los jóvenes de 18 a 25 años asumen a menudo como parte de su compromiso de acción para una mejor convivencia en sociedad, a través de voluntariados u obras filantrópicas, que constituyen un aporte valioso, pero que con frecuencia dejan despoblado el activismo político juvenil, con lo cual sus opiniones, exigencias, necesidades y propuestas, a menudo innovadoras, quedan fuera de la discusión pública.

También existen precedentes nefastos de participación de perfectas nulidades, que llegaron a obtener una curul bajo el paraguas publicitario de su juventud y la premisa de no estar ligados a la política tradicional, pero que una vez asegurada una posición se dedican a las mismas prácticas indolentes como el transfuguismo, el tráfico de influencias, la protección de privilegios y el despilfarro de recursos públicos. Triste ejemplo de ello han sido los llamados “dipukids”, cuya presencia en el Congreso constituye una patética muestra de oportunismo.

Son las mismas organizaciones políticas las que relegan el aporte de los jóvenes, dado que a lo largo de las etapas de proselitismo y campaña se les otorgan las funciones accesorias, como acarrear las dádivas a repartir en mítines, distribuir volantes, agitar banderas en las calles o simplemente servir como edecanes y corifeos durante actividades de sus grupos.

No existe un solo partido que pueda exhibir una propuesta coherente, seria y sistemática de capacitación integral de cuadros jóvenes para el servicio público, mucho menos la implementación de foros permanentes sobre el abordaje de los retos nacionales. Los partidos que han accedido al Gobierno han colocado en el Consejo Nacional de la Juventud a figuras anodinas o serviles. Por ejemplo, en la mal recordada gestión patriotista, los voluntariados de esa entidad eran utilizados como una agencia de análisis de mercado: enviaban a los adolescentes a áreas rojas a efectuar encuestas de percepción del gobierno con una remuneración irrisoria.

Pero pese a estas infamias y exclusiones, los jóvenes guatemaltecos tienen en sus manos y voces la posibilidad real de marcar cambios. Eso sí, deben hacerse responsables de sí mismos, para no dejar que otros decidan en su nombre. Primer paso, empadronarse. Luego, evaluar con espíritu crítico los ofrecimientos, planes y actos de los candidatos presidenciales, legislativos y ediles. Esto, a su vez, les abrirá nuevas perspectivas para tomar postura y decisión, lo cual posibilitará que se asuman como portadores de derechos y obligaciones, pero sobre todo como sujetos y no objetos de decisión.

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