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Las alcaldías deben recuperar su misión

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A lo largo de los Cabildos Abiertos efectuados por Prensa Libre y Guatevisión en centros urbanos del país han sido constantes seis reclamos de los vecinos sobre servicios municipales: agua, manejo de desechos sólidos, tránsito, transporte, mejoras viales y ordenamiento territorial. Si bien algunos de estos asuntos tienen interrelación con decisiones del Gobierno Central, las municipalidades tampoco tienen excusa para los escasos avances logrados en las últimas dos décadas.

Las comunas tienen, en teoría, la posibilidad de ser más fácilmente fiscalizables por los pobladores, pero a menudo el modelo local ha sido pervertido y en lugar de constituir comunidades construidas a raíz del diálogo colectivo entre barrios, aldeas, caseríos o zonas, resultan ser feudos sujetos a las conveniencias, ocurrencias y aún disparates de jefes municipales, que llegan a actuar incluso como bufones, a fin de lograr notoriedad en redes sociales.

Uno de los grandes dramas del actual proceso eleccionario lo constituye la falta de compromisos serios y sistemáticos por parte de numerosos aspirantes ediles, que se limitan a promocionar sus efigies en vallas y a impulsar caminatas por vecindarios donde nunca antes habían pasado ni volverán a pasar. La mayoría no tiene planes fundamentados ni análisis de factibilidad sobre las acciones a emprender. Se limitan a ofrecimientos generales de más agua para todos o de mejoras en el tránsito, pero sin detallar cómo lograrán resolver desafíos que no solo llevan años de complicación sino que están vinculados con comunas aledañas.

La contienda por la alcaldía capitalina misma tiene casi una veintena de opciones, entre las cuales figuran personajes más bien advenedizos. Existen, ciertamente, algunos aspirantes que exhiben conocimientos en urbanismo, prestación de servicios o administración pública, pero cuyo equipo y plan de trabajo permanece mayormente en incógnita. Por otra parte, los alcaldes que buscan ser electos por otro período tienen como principal punto de cuestionamiento los planes que ofrecieron cuatro años atrás. Sobre esa base deben ser examinados. Nada se arregla con globos, pancartas o con caminatas eufóricas con banderas. Los guatemaltecos son nobles y educados, por ello sonríen y aceptan el saludo de cada candidato que pase por su puerta, pero esto no significa que se haya ganado su voto de confianza.

El problema del agua continúa extendiéndose a más zonas y departamentos; su solución no depende solo de abrir más pozos o de desviar los pocos ríos medio limpios que quedan, ya que el problema es mucho más amplio, dadas las condiciones de deforestación, uso de suelos y cambio climático. La basura continúa proliferando a diario, sin que se implementen planes consistentes de reutilización de materiales y procesamiento de desechos orgánicos. Las complicaciones viales van estrechamente ligadas a la crisis del tránsito y a la falta de un servicio de transporte público moderno, ordenado y eficientemente auditado; existen algunas propuestas, como la implementación de un metro, el reordenamiento metropolitano o la construcción de un anillo regional, que deben ser asertivamente discutidas y consensuadas entre comunas, sectores económicos, bancadas legislativas y gobierno central. Es por ello que los pobladores de cada municipio deben asumir su responsabilidad de elegir con visión de futuro. Desafortunadamente, todavía hay candidatos que prefieren comprar el apoyo mediante dádivas, rifas y mítines con payasos, lo cual solo pone en evidencia sus limitaciones.