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Los resultados dirán la verdad de la cruzada

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Desde que arrancó el siglo, cada gobierno ha lanzado su propia campaña, programa, plan, iniciativa, proyecto o cualquier otro nombre para abarcar determinada operación burocrática a la cual se asignan fondos, por lo regular destinados para la compra y reparto de alimentos en diversas modalidades. Así también, invariablemente, se publicitan actividades -que usualmente no tienen continuidad- consistentes en la creación de huertos, criaderos de animales domésticos u organizaciones vecinales para empleos temporales.

Cinco gobiernos después, la situación alimentaria de miles de niños en todo el país continúa siendo crítica y muchos de los que lograron sobrevivir probablemente hoy sean padres de familia que no tuvieron la suficiente oportunidad de aprendizaje ni la capacidad de lograr una superación económica, por lo que hoy repiten el triste ciclo que, a la larga, impacta al desarrollo de todo un país. En balde se han pronunciado tantos discursos politiqueros en campañas electorales y en plenos legislativos, puesto que una vez llegados a la administración gubernamental los supuestos adalides del auxilio alimentario se tornan en torvos burócratas que reclaman elogios y repudian las críticas. No toda la desnutrición que se registra en el país es culpa exclusiva de las administraciones gubernamentales, pero es el Estado el llamado a trazar una ruta de recuperación, con visión de largo plazo, que elimine este factor de retraso cognitivo que a partir de los 5 años es prácticamente irreversible.

El actual Gobierno acaba de relanzar la Cruzada Nacional por la Nutrición, que fue presentada en enero y febrero cuando todavía el impacto del covid-19 era inimaginable. En todo caso, los alcances, aciertos y logros de dicho esfuerzo solo podrán ser confirmados con el tiempo. Los precedentes no son nada esperanzadores, pero dada la naturaleza humanitaria de este drama colectivo es necesario apostar por un cauto optimismo. Es válido señalar que la Secretaría de Seguridad Alimentaria es un actor clave en este plan, pese a que en un inicio Giammattei consideró disolverla.

El gran peligro que afronta esta iniciativa se encuentra, como ha ocurrido en dos décadas, en la posibilidad de manejos clientelares de la asistencia provista por el Estado. Ciertamente, para una mayor efectividad en la detección y atención de casos se necesita del concurso de autoridades locales, pero su participación en ningún momento debe conducir a un sesgo o favoritismo, sobre todo cuando empiezan a soplar los aires preelectorales.

Finalmente es necesario dirigir la atención hacia el proyecto Crecer Sano, consistente en un préstamo del Banco Mundial totalmente libre de intereses, dirigido exclusivamente a apuntalar la nutrición de menores víctimas de la desnutrición crónica, la cual, a diferencia de la aguda, no siempre es detectada ni motivo de evidente alarma. Un plan similar fue puesto en práctica en Perú a lo largo de una década y los resultados fueron prácticamente milagrosos: un notorio incremento de peso, talla y rendimiento escolar se logró. ¿Qué pasó en Guatemala? Primero se tuvo que presionar a los diputados para que lo aprobaran y lo hicieron casi a regañadientes, porque no había fondos a los cuales echar mano. Una vez avalado, Crecer Sano quedó prácticamente varado en manos del Ministerio de Salud del anterior Gobierno, que llegó a utilizar parte de los fondos para pago de personal: un destino muy distinto para el cual fue creado. En conclusión, solo queda esperar que ningún obstáculo o excusa se interponga en la ruta de la gran cruzada.