Editorial

Ómicron y la amenaza que se puede mitigar

Archivado en:

editorial

La nueva ola de contagios de covid-19, impulsada por la variante ómicron, reportada oficialmente en Guatemala el 8 de enero, pero que circulaba desde finales de diciembre del 2021, se comporta hasta ahora como en el resto del mundo: multiplica los contagios, pero las hospitalizaciones se mantienen bajas.

Ayer, el ministro de Salud confirmó que ómicron ya es la variante dominante en los contagios en Guatemala, y advirtió de que se calcula que una persona infectada puede contagiar a 10 más. Hasta ahora, los estudios en diversas partes del mundo muestran que las hospitalizaciones no crecen al mismo ritmo que los contagios, por lo que pareciera haber tiempo para tomar medidas que eviten escenarios dantescos como los observados al principio de la pandemia en varios países, al haberse desbordado la capacidad de los hospitales. El objetivo: evitar muertes que enluten a las familias guatemaltecas.

Los datos oficiales mencionan que de 300 contagios diarios reportados a finales de diciembre, ahora se registra una cifra hasta 10 veces mayor, como el jueves 20 de enero, cuando alcanzaron tres mil 189 positivos. Los casos activos cambiaron de tres mil los primeros días del año a más de 32 mil esta semana. Eso hará que el semáforo de alertas de covid cambie drásticamente hoy, con una duplicación de los municipios en alerta roja, que de 31 pasarán a ser al menos 70, y con 127 municipios en alerta naranja, y que hace 15 días eran 79.

Pero más allá de prevenir que las cifras de contagio crezcan o de pensar en restricciones que ya pocos están dispuestos a cumplir y que además pueden dejar un efecto devastador en la economía nacional, los esfuerzos deben concentrarse en aumentar de forma considerable y sostenida las tasas de vacunación en todo el país, pues tanto médicos como autoridades sanitarias en todo el mundo coinciden en advertir de que las personas no vacunadas contra el covid corren un riesgo mucho mayor de sufrir síntomas graves y de morir.

Atinadamente, Salud ha hecho pública su intención de concentrar sus esfuerzos en inmunizar a los habitantes de los 29 municipios, de 14 departamentos, en donde los porcentajes de vacunación son sumamente bajos, y que concentran dos millones 542 mil 877 guatemaltecos.

Este nuevo impulso debe incluir el fortalecimiento del testeo para determinar en dónde crecen los contagios y una serie y sostenida campaña de divulgación en todos los idiomas, así como acercamiento a líderes locales que puedan informar a la población sobre las ventajas de vacunarse.

El reto no es pequeño, pues hasta ayer, de los 12.6 millones de la población mayor de 12 años, tan solo el 40.4% contaba con el esquema completo de vacunación y tan solo el 7.02% ha recibido la dosis de refuerzo, aplicada y recomendada en todo el mundo para aumentar las defensas frente a la llegada de ómicron. A esas cifras se deben sumar los más de 2.5 millones de niños entre 4 y 11 años que aún no pueden recibir la vacuna en Guatemala, debido al ineficiente proceso de compra de las dosis para ese segmento.

Aumentar de forma considerable la cantidad de personas vacunadas evitará el colapso del sistema hospitalario y abrirá la posibilidad a quienes sean alcanzados por la gravedad de esta enfermedad de recibir la atención adecuada y a tiempo. También podría evitar que el país siga teniendo el deshonroso primer lugar en cuanto a fallecidos por covid-19 en Centroamérica, con 16 mil 224 personas.