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Peligros del clientelismo en el año preelectoral

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Un alcalde se disfraza de marioneta para escenificar repartos de juguetes y dulces, con el afán de parecer bondadosamente desinteresado, un dadivoso personaje cuyos fondos para tanto dispendio no tienen mayor explicación. Otro se desvive por figurar en redes sociales con su mejor sonrisa, justo en el momento en que da un abrazo a una persona de la tercera edad o a un enfermo que agradece su generosa ayuda económica o en medicinas. Uno más se autodecora al inaugurar una instalación o un proyecto que no constituyen más que su simple y llana obligación.

Diversas conductas similares o aún más histriónicas son protagonizadas por diputados o aspirantes a serlo, en pueblos y aldeas que este año serán aún más visitados que en los anteriores dos porque ha llegado el período preelectoral con todo y ansias clientelares, politiqueras y propagandísticas.

Pululan desde los últimos días de diciembre vallas en carreteras, nacionales y vecinales, con logos y promoción de colores alusivos a partidos que se han prestado a todo tipo de pactos, componendas y oscuridades, con un llamado en el cual incluso tutean al ciudadano para decirle “Afíliate”.

Hacerlo de esa forma simula una confianza inexistente que debería convertirse en algo que las dirigencias partidarias hace rato extraviaron: el respeto al ciudadano, al votante, al depositario del poder soberano.

Como se trata de jugarle la vuelta a la ley, tales vallas supuestamente cumplen la machacada función del proselitismo político, estipulada en la norma electoral como lo único que sí está autorizado para efectuarse fuera del período de campaña electoral. Empiezan a venderse como la opción nueva, segura y hasta pura, pero en prácticamente todas las dirigencias hay personajes reciclados, camaleones entrenados, exfuncionarios señalados de corrupción e incluso exconvictos que presumen dudosos arrepentimientos.

Reza un viejo refrán que “gallina que come huevo, aunque le quemen el pico”, y desafortunadamente son tantos los ejemplos de personajes conectados con dudosas administraciones del erario, amaño de obras, conflictos de interés y roscas gubernamentales que no se les puede creer cuando fingen disidencias con el oficialismo de turno o con roídos caudillos.

Ahora bien, que el criticismo no llame a error y que el juicio severo no parezca un escepticismo dogmático. La democracia del país puede y debe rescatarse, el sistema partidista establecido en la ley puede y debe depurarse, la ciudadanía honrada, proactiva y visionaria puede y debe pronunciarse en favor de un rescate del Estado para que efectivamente sea instrumento de construcción de consensos, de objetivos claros en cuanto a educación, competitividad, erradicación prioritaria de la desnutrición y manejo probo del erario. Cualquier otro ofrecimiento que diluya estos propósitos solo delata a la gavilla que busca seguir con las mismas prácticas y los mismos fiascos.

En un año exacto se convocará a elecciones, y la ciudadanía debe poder tomar ventaja de este ciclo preelectoral al observar las incoherencias, las peroratas y maniobras de ciertos políticos que solo buscan su propio beneficio y no el bien común. Los delata su incongruencia respecto de lo actuado en los dos años anteriores y, sobre todo, su obsesión por parecer lo que no son ni han sido.