Editorial

Potencial guatemalteco

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Durante varias semanas, un equipo de periodistas de Prensa Libre se dio a la tarea de buscar y conocer las historias de los 26 niños y jóvenes que el Ministerio de Educación ha catalogado como superdotados, pues poseen, luego de realizarles pruebas, un coeficiente intelectual superior a 126, cifra que muestra que son estudiantes con alta dotación cognitiva, artística o deportiva.

Aunque están dispersos en todo el territorio nacional, en esta edición se presenta a Wendy Yamilet López Pelicó, Ana Lucía Miranda Méndez, Jeshua Emanuel Jacobo López y Steven Gabriel Pérez Avelar, cinco adolescentes de los 26 detectados por las autoridades, y quienes no solo comparten el hecho de tener capacidades superiores al resto de la población estudiantil, sino que también tienen una característica en común: piden una oportunidad para que su inteligencia sea potencializada, no solo en beneficio de ellos y sus familias, sino de un país que demanda mentes brillantes que atiendan los desafíos del mundo moderno o que incluso puedan conducir las riendas políticas, económicas y sociales.

Poseer una inteligencia superior, lo cual, según los expertos, no siempre va de la mano con el éxito académico o las altas calificaciones, ha representado una serie de desafíos para estos jóvenes y sus familias, que incluso han debido afrontar situaciones de acoso escolar, dejar los estudios por falta de recursos económicos o tener que conformarse con un sistema educativo que, pese a tenerlos identificados, los obliga a estancarse y adaptarse a lo que hay.

Si bien detectar a estos 26 jóvenes es un primer paso, y bajo el entendido de que el subregistro podría ser amplio, la oportunidad que la sociedad guatemalteca tiene enfrente para potencializar sus dotes es innegable, a la vez que representa todo un desafío para el sistema educativo, que no solo debe estandarizar un mecanismo que permita la identificación y seguimiento permanente de los estudiantes superdotados, sino que sean ubicados en donde corresponde, sin que el mismo sistema sea una barrera para su pleno desarrollo y deje de ubicarlos como desadaptados o niños con problemas de aprendizaje.

Autoridades, padres de familia, maestros e iniciativa privada deben sentar pronto las bases para que quienes poseen una capacidad mayor de aprender, manejar, dominar y resolver situaciones con cualquier clase de conocimiento sean atendidos como se debe y se apueste a que, ejerciendo su liderazgo, puedan aportar sus conocimientos y talentos en la solución de problemas históricamente no atendidos de forma correcta en el país, como la desnutrición crónica, la pobreza o la misma cobertura y la calidad educativa, y avanzar en la aplicación de la ciencia, el arte y el deporte en el país.

Guatemala experimenta desde el 2015 un período de 35 años denominado por economistas y estadistas como bono demográfico, etapa durante la cual la población joven y productiva —de 15 a 34 años— será el segmento más amplio de habitantes, y al que pertenecen los superdotados antes citados, lo cual abrirá una oportunidad de desarrollo acelerado y una condición de oro para mejorar las condiciones del país.