Editorial

Reflejo fehaciente de la decadencia politiquera

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Saltan a la vista las brechas de desigualdad, los rezagos en el desarrollo educativo, el continuo éxodo migrante y la desconexión entre los efectos de la publicitada recuperación macroeconómica y la mejora en la atención de necesidades a sectores vulnerables, según lo evidencia el Informe de Desarrollo Humano 2022, que presenta un profundo análisis de indicadores generados por el mismo Estado entre 2002 y 2019. Es una lectura técnica y apolítica que pone en relieve el fracaso de la clase política, devenida en politiquera a causa de despropósitos polarizantes, dedicación a agendas ajenas al bien común e infiltración de financiamiento proveniente del narcotráfico, el contrabando y otras mafias.

En efecto, la perspectiva histórica de datos oficiales permite trazar un juicio crítico severo sobre la administración del Estado a lo largo de cinco gobiernos, incluyendo al actual, que se declaraba ofendido y manifestó su protesta a la ONU por las realidades numéricas y cualitativas expuestas. De haber mostrado una postura más pragmática y menos hepática, bien se habría podido aprovechar el hecho de que las cifras llegan hasta 2019, justo antes del inicio del período Giammattei Falla.

No obstante, la deficiente y opaca administración de programas de asistencia, las millonarias asignaciones sin destino claro y la poca claridad sobre quién toma las decisiones estratégicas recientes terminan por conexar los resultados del actual régimen con la inercia de sus antecesores. En realidad es una lástima porque quienes terminan pagando la factura son los guatemaltecos más necesitados en áreas claves como salud, educación, asistencia técnica agrícola, riesgo climático, violencia, mortalidad materna y desnutrición.

La lección más importante para todos los que se hacen llamar políticos, para todos los aspirantes a un cargo de elección y también para las autoridades de turno, justo en el semestre previo a un nuevo proceso electoral, es que de nada sirve la publicidad oficialista si no hay mejoras sostenidas en la prestación de servicios esenciales, si no existe una visión compartida de las grandes prioridades nacionales y si se continúa priorizando el nombramiento de funcionarios anodinos por deudas políticas o imposiciones de financistas, en lugar de integrar liderazgos capacitados, empoderados y responsables de sus actos, de sus éxitos y también de sus fracasos.

Entre los principales hallazgos del Informe destaca la desigualdad que sigue lastrando las oportunidades para las mujeres guatemaltecas, pese a que la pandemia trajo responsabilidades adicionales en relación con la educación de los hijos, tarea para la cual no todas están preparadas, debido a la poca escolaridad. El incremento de migración desde zonas de alta pobreza ha aumentado la cantidad de guatemaltecas que quedan como cabeza de hogar, a menudo sin mayores capacidades laborales para no depender de una remesa.

La prensa independiente suele ser tachada de pesimista a causa de la presentación de noticias y reportajes referentes a verdaderos dramas de hambre, desempleo y desolación de ciertas áreas del país. También se exalta el crecimiento económico, los emprendimientos personales y empresariales, el talento guatemalteco en los negocios, el deporte, el arte, la ciencia o el liderazgo social, pero esto no elimina por ósmosis las carencias. Se necesita una gestión seria, proba y colaborativa del Estado, un gran acuerdo que los politiqueros han sido incapaces de trazar y respetar. Lo prometen en campaña y luego pasan a la historia como un fiasco más: los números tristemente lo exhiben.