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Reinvención turística deberá ser innovadora

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El efecto dominó de la pandemia sobre la industria turística es innegable y avasallador. Aviones en tierra, hoteles sin huéspedes, fronteras cerradas y con ello toda una cadena de impactos sobre proveedores de alimentos, productos de limpieza y servicios complementarios como transportes, guías, restaurantes, cafés, ventas de artesanías y dulces tradicionales y más. Una pesadilla global sin precedentes para este sector económico que no solo genera plazas directas, sino también empleos indirectos.

Hay empresas que anunciaron el cese temporal de actividades o su transformación hacia otros servicios, para sobrevivir; algunas no resistieron más el cese total de ingresos y tuvieron que clausurar operaciones. La valentía de varios empresarios les ha inspirado a continuar una lucha cuesta arriba, a la cual se suman los problemas de abasto que se han agudizado, en una especie de laberinto logístico.

Sin restar importancia en ningún momento a la gravedad de la emergencia, es necesario también remarcar que el efecto de la crisis golpea a todo el mundo, incluyendo a grandes potencias del turismo que de ser masivos destinos han pasado a tener también playas, plazas, museos y parques completamente vacíos a causa de las respectivas medidas de distanciamiento impuestas por los gobiernos. Este congelamiento de la actividad turística no puede durar indefinidamente, no solo por la ingente necesidad económica sino porque a pesar de las dificultades actuales, más temprano que tarde habrá alternativas médicas contra el covid-19.

En la Organización Mundial del Turismo y otros foros regionales, así como en entidades nacionales, ya se discuten las claves que tendrá la llamada “nueva normalidad” en el ámbito de los viajes, atracciones, hospedajes y servicios complementarios. Distanciamiento, seguridad y monitoreos de salud figuran dentro de los requisitos de cualquier actividad económica, aspectos que a su vez pueden llegar a convertirse en fortalezas estratégicas de los países que logren crear protocolos confiables.

En el nuevo entorno se prevé que tome un fuerte impulso todo el sector de turismo natural, ecológico y arqueológico; es decir, aquel que se desarrolla en espacios abiertos que permitan la desconcentración de personas. Esta opción puede llegar a constituir una fuerte tendencia internacional y Guatemala posee, aún, fuertes atractivos ambientales, buena parte de los cuales se encuentran en zonas rurales, lo que quiere decir que pueden contribuir a mejorar los ingresos y el desarrollo de las comunidades aledañas.

Eso sí, para poder insertarse con éxito en la nueva competitividad turística global es necesario salir de las estrategias tradicionales de promoción, pero sobre todo que el Gobierno tenga la suficiente voluntad política para defender con toda la fuerza de la ley la integridad de las áreas protegidas, asoladas por invasiones, tala, incendios deliberados, contaminación y hasta apropiaciones indebidas. Es inaudito que taladores mexicanos de la Biosfera Maya, que cortaban especies de maderas preciosas, hayan recibido una simple multa para salir en libertad. Se trata de un patrimonio nacional de talla mundial que no puede seguir en el abandono.

En otras palabras, el relanzamiento de Guatemala como un destino de primer orden para el nuevo turismo es un sueño posible, pero necesita de acciones sostenidas, coherentes, firmes y en las cuales se involucre a los pobladores como los primeros y más efectivos guardianes.