Editorial

Responsabilidad vital

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No tiene sentido buscar una reactivación económica y un aumento del comercio que descuide la salud, así como tampoco es recomendable la imposición de medidas restrictivas que ahoguen la recuperación productiva. En las persistentes condiciones actuales de pandemia, se necesita de un criterio equilibrado para conducir las medidas de protección contra contagios y, a la vez, mantener las recién recuperadas fuentes de ingreso para las familias.

En Europa y Estados Unidos, hay cifras crecientes de casos, y a nivel global, ayer se registró la mayor cifra de decesos: 15 mil personas murieron a causa del covid-19. Las perspectivas de mejora aún no son halagüeñas, pese a que ya comenzaron las vacunaciones en varios países. Limitaciones de producción, retos de distribución y hasta rezagos por ineficiencia burocrática —como el caso de Guatemala— son lastres para este proceso, que no por ansiado es más rápido.

Hasta ayer, las autoridades del país no tenían contempladas medidas referentes a la locomoción, supervisión del uso de mascarillas o refuerzos para lograr mayor distanciamiento. Entretanto, en mercados capitalinos, pero también en plazas, parques y calles, es cada vez más frecuente observar a personas sin mascarilla o con una colocada como si fuera solo tapaboca o antifaz, lo cual es equivalente a no llevar nada, con el correspondiente riesgo para sí mismos y para los demás.

Expertos en epidemiología señalan que a partir de las fiestas de Navidad y fin de año se produjo una especie de espejismo de que la amenaza ya había finalizado. En los primeros meses de expansión del covid-19, había falta de información sobre síntomas y medios de transmisión, pero hoy prácticamente toda persona conoce sus características y riesgos, con lo cual la imprudencia de no cuidarse adquiere tintes dolosos.

La nueva “normalidad” no quiere decir vivir en tensión, sino con atención al riesgo. Existe un ansia por recuperar la rutina, la vida pública, la vivencia social, pero todavía no ha llegado ese momento. Por lo tanto, adelantarlo temerariamente acarrea el riesgo de una recaída, que puede ser más peligrosa que la infección inicial.

El término resiliencia hace alusión a la capacidad emocional de recuperarse de una etapa adversa, ya sea a nivel individual o colectivo. El concepto surge de las propiedades de algún material para recuperar su forma original después de haber sido sometido a una fuerza para doblarlo o comprimirlo. En el caso de la etapa pospandemia, la resiliencia estriba en el retorno a las actividades económicas, a la reconexión con familia y amigos, a la vuelta de los procesos colectivos educativos, laborales, lúdicos y sociales. Ello seguramente será posible, pero no a base de imprudencias.

Todo mundo tiene derecho a ganarse el sustento, a buscar la superación, a encontrar nuevas oportunidades o dar continuidad a sus rutinas productivas, pero ello debe ir acompañado de la obligación ética de proteger la integridad personal y de los demás. No tiene sentido salir a ganarse la vida si para ello pone en riesgo esa vida.