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Vital integración requería previsión

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Todo cambio entraña siempre un riesgo, pero también una oportunidad, sobre todo si se trata de implementar modelos que ya funcionan en otras latitudes pero que, por diversos factores históricos, políticos y coyunturales, han demorado mucho en llegar a tierras centroamericanas.

Hasta ayer, la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) calculaba que se habían dejado de percibir Q156 millones en transacciones aduaneras, debido a los fallos del nuevo sistema integrado de Declaración Única Aduanera de Centroamérica (Duca), que representaron decenas de camiones varados en fronteras, atrasos en embarques de exportación, pérdidas en multas y alquileres para las empresas e incluso sanciones por incumplimiento de contratos. Los empresarios discrepan de las autoridades sobre el monto real de las pérdidas, que ellos estiman en Q280 millones por seis días de pesadilla logística que quizá se pudo prever.

Entre los factores que confluyeron para que ocurriera esta congestión regional de mercancías entre los países miembros y también hacia o desde otras regiones del planeta cabe resaltar la poca capacitación al personal oficial, pero también el descuido de las empresas, que no brindaron la suficiente instrucción a sus pilotos y corredores para transmitir los documentos. A esto se suma la poca previsión en proveer conectividad suficiente y algunos errores de usuario en el nuevo formulario por llenar, que si bien reduce el papeleo, requiere de datos específicos estandarizados.

Ya se implementan planes de contingencia para resolver la crisis. La misma Secretaría de Integración Económica Centroamericana difundió directrices que permitirán agilizar el paso de carga, con la advertencia de que el Duca continuará en desarrollo desde Guatemala hasta Panamá, no solo porque facilitará el comercio regional, sino porque constituye un requisito de la Unión Europea.

El precio ha sido alto para esta transformación del modelo centroamericano de ventas y adquisiciones: predios saturados de contenedores, barcos de carga que salieron cargados a menos del cinco por ciento de su capacidad, exportaciones de flores por el Día de la Madre que llegaron tarde, y aunque los productos perecederos tuvieron prioridad, se vieron afectados los textiles ya programados para ser recibidos en sus puertos de destino.

Pese a todo eso, el nuevo modelo unificado ofrece la oportunidad de crear un verdadero corredor económico estratégico en el Istmo, como un vaticinio de posibles mecanismos de integración social, política o migratoria, que son otros campos de complicada, mas no imposible, coordinación.

El reto de pensar de manera regional constituye una apuesta que requiere de diálogos más eficientes entre los gobiernos, de normativas homologadas y actualizadas, así como de una aplicación cada vez mayor de las posibilidades tecnológicas con una visión de desarrollo humano creciente, inclusivo y a su vez competitivo. Además, esta unificación accidentada pero inexorable de los mecanismos aduaneros asegurará una mejor auditoría de los productos transportados por toda Centroamérica, eliminará la discrecionalidad de los agentes y prácticamente eliminará las posibilidades de organizar una red local de defraudación fiscal similar a la vergonzosa Línea, que fue develada en 2015 y que involucró incluso a altas autoridades.