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Voluntad política será vital en nueva comisión

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Altas expectativas se abren con la inclusión del connotado epidemiólogo guatemalteco Edwin Asturias como cabeza de la nueva Comisión Nacional contra el Coronavirus, ente institucional cuya conformación, alcances, recursos y funciones aún están por definirse, pero que deben ser amplios, claros e intersectoriales para poder replantear la estrategia de mitigación de la pandemia. El momento es crítico porque las cifras de contagio van en aumento, lo cual obliga a reforzar planes contra la propagación, pero a la vez empalmarlos con fases de reactivación: dos variables que hasta ahora parecen ser inversamente proporcionales.

La voz crítica del doctor Asturias ha sido clara y concreta al señalar, desde Estados Unidos, en donde reside, aciertos y posibles mejoras en el abordaje de la pandemia en el país. Es por ello muy importante que la invitación efectuada por el presidente Alejandro Giammattei sea para sumar un aliado innovador, efectivo y de amplia visión, cuyas recomendaciones e iniciativas deben ser escuchadas y apoyadas con toda la voluntad política.

Queda sobreentendido que no se trata de una invitación de cortesía o para desactivar a un crítico, puesto que tales intenciones quedarían muy rápido al descubierto y serían totalmente contraproducentes. En ese sentido de buena fe es necesario apuntar que el comisionado nacional contra el Coronavirus debe contar con amplias facultades para proponer directrices y trazar estrategias interministeriales. Sin menoscabo de las funciones del Ministerio de Salud, este nuevo capítulo del desafío sanitario debe ser mucho más amplio, integral y transparente. Aumentar la cantidad de pruebas o descentralizarlas para deshacer el embudo actual del Laboratorio Nacional de Salud serán temas prioritarios.

Otro asunto que debe ser abordado con celeridad es asegurar la dotación de insumos de protección para personal médico, paramédico, policías, bomberos y todo servidor público en posible contacto con pacientes; paralelamente, se debe plantear un llamado serio a los profesionales de la medicina para que puedan prestar sus servicios remunerados en condiciones dignas y con la debida bioseguridad, no solo como parte de su juramento hipocrático sino como un servicio a la sociedad que ahora necesita de su sabiduría y valores, sobre todo si sus estudios se desarrollaron en la Universidad de San Carlos; es decir, sufragados por el pueblo de Guatemala.

La figura del naciente Consejo Nacional contra el Coronavirus es oportuna, pues permite que el alcance de sus decisiones no quede limitada a las de un Consejo Nacional de Salud, también de integración multisectorial, pero que por ley estaría supeditado al Ministerio de Salud como ente asesor. Si bien el CNCC labora bajo la autoridad presidencial, su labor de coordinación efectivamente requiere de la participación del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, facultades de Medicina, ministerios concurrentes -como Educación, Gobernación, Agricultura o Comunicaciones-, así como sector empresarial y productivo. Su definición debe ser incluyente, pero manejable, pues se necesita de decisiones ágiles.

La tarea no es fácil. Esta es una nueva etapa difícil y el tiempo corre en contra. Tal como el propio Asturias lo afirmó en entrevista con Prensa Libre, son claves la actitud de responsabilidad personal ciudadana, pero también la debida transparencia y eficiencia de los procesos gubernamentales, pues al no tener él intereses políticos sino un claro sentido de servicio, sus directrices estarán centradas en resultados y ningún interés ajeno debe interferir con ello.