Economía para todos

El 20 de Octubre 1944

José Molina Calderón josemolina@live.com

El 20 de octubre de 1944 fue un parteaguas en la vida política, social, cultural y económica de Guatemala.  Fue la caída del régimen liberal que dominó Guatemala durante 73 años.

El libro Las Cinco Calles 1939-1981, de Héctor Molina Calderón, Ediciones Superación, 2ª. Edición, Guatemala 2014, recoge el testimonio de lo ocurrido el día mencionado. El autor, cirujano dentista, exdecano de la Facultad de Odontología de la Universidad de San Carlos de Guatemala. A continuación, un extracto de su narración.

Para la revolución popular de 1944 yo tenía cinco años. Sin embargo, los sucesos que ocurrieron el veinte de octubre y los días posteriores han quedado grabados en mi memoria profundamente…

El frente de la casa en que nací, en la que vivíamos para entonces, estaba sobre la Avenida Bolívar, pero la parte trasera daba hacia el Callejón de San Gaspar. La casa, vieja entonces, la alquilaba mi padre… La casa que aún existe, ahora convertida en almacén comercial, tenía una sola ventana que daba hacia el callejón. Pues precisamente esa ventana era la del dormitorio de los niños. Desde ella se observaba la colina del Castillo de San José, donde ahora está ubicado el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, que comprende el Teatro al aire libre (al costado sur del antiguo Fuerte), el Gran Teatro “Efraín Recinos” y el Teatro de Cámara.

El día veinte, debido a la balacera que había empezado desde la madrugada, se alojó en mi casa otra familia de amigos vecinos que vivían a una casa de distancia de la nuestra y estaba compuesta por varios niños, la mamá y la abuelita. Esta última era una persona muy religiosa, de origen salvadoreño de apellido Ezeta. Rezaba todo el tiempo con su rosario en mano, pidiendo a Dios y a la Virgen que nos protegieran.

En ciertos momentos de la batalla se oía el tableteo de las ametralladoras, los disparos de los rifles y los cañonazos de ambos bandos en lucha. Si abríamos la ventana de nuestro dormitorio podíamos ver a patriotas civiles que se deslizaban por el callejón para acercarse al Castillo. Las balas zumbaban por todos lados y en el techo de lámina de nuestra casa se oía caer algunas. Aunque era peligroso salir al patio, nosotros echábamos la carrera y recogíamos los plomos que caían, aun calientes. Cuando arreciaba la balacera, todos nos metíamos debajo de las camas (niños y adultos), pero la abuelita salvadoreña dejaba las caderas y las piernas afuera, pues no cabía dentro del “reducto”.

A media mañana, cuando cayó una bomba en el almacén del Castillo, donde guardaban ropa y algunas municiones…. En días anteriores y aún durante el mismo 20, la Caballería del Ejército pasaba para arriba y para abajo por la Bolívar, que tenía un asfalto deficiente sobre el antiguo empedrado, por lo que los herrajes de los caballos resonaban.

En la tarde del mismo día y también al siguiente, varios estudiantes universitarios que vivían como huéspedes en mi casa y que de una u otra forma habían participado en la caída del régimen ubico-poncista, llevaron a la casa diversos implementos bélicos tomados de las fuerzas gobiernistas y especialmente del Castillo de San José: uniformes militares, cartucheras, fusiles, tambores grandes y pequeños pintados de azul y blanco, balas de diversos calibres y tamaños y hasta un “side-car” (motocicleta con un carrito al lado usada por el Ejército en ese entonces)…

Comentario testimonial: Fue también mi experiencia cuando tenía tres años. Es mi recuerdo más antiguo.

josemolina@live.com