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El 4° Festival de Arte Ruk’u’x

Paulo Alvaradopresto_non_troppo@yahoo.com

Una de las consecuencias más importantes que se derivan de la toma de conciencia de una sociedad es la manifestación artística en torno a ese juicio que somos capaces de emitir sobre nuestra realidad y nuestros actos. Ahí, la música, el cine, la poesía, la pintura, la fotografía, la escultura, la danza y el teatro cobran una dimensión que rebasa la espontaneidad de lo creativo y el valor lúdico propios del arte. Surge la mirada hacia nosotros mismos, surgen la reflexión y la activación de otras potencias internas.

El pasado fin de semana, la plaza central de la ciudad de Sololá fue testigo de dicha manifestación, materializada en el 4° Festival Internacional Ruk’u’x – Arte de Pueblos Originarios. Durante dos días, este movimiento artístico se propuso y alcanzó a hacer un enunciado relevante en un espacio que se definió como reivindicador del arte de las poblaciones de origen del continente americano, hacia el desarrollo de su identidad y su cosmovisión. Adicionalmente, y en palabras de sus organizadores, esta cuarta edición del festival se vio dedicada a la esencia del Ajawal Ix, la energía femenina, símbolo de la madre tierra, fuerza creadora de la vida, eje central de los pueblos y de la cultura misma. Todo esto se concretó en las muestras y en la actuación de numerosas artistas como Delia Cúmez, Cecilia Porras, Sara Curruchich, Magda Angélica, Yahaira Tubac, Ch’umilkaj Nicho, Sandra Huenupan y Yanandy (por referirnos únicamente a algunas de las participantes en el escenario principal del evento, en el ámbito del sonido y del movimiento). Sin embargo, es menester mencionar también un conversatorio, una caminata poética, la presentación de un libro y una lectura pública, en el ámbito de la palabra; así como la exposición de artes visuales, tejido y proyecciones cinematográficas, en el ámbito de la imagen. Tampoco podemos pasar por alto el aporte de invitadas e invitados provenientes del Ecuador y del Perú en un hermoso hermanamiento que resalta la complementariedad de género, la afirmación cultural y la recuperación de la memoria ancestral.

Eso sí, lo anterior no obsta para señalar la necesidad, apremiante, de mejorar los aspectos técnicos de futuras versiones de esta fiesta de la cultura (y de tantos otros acontecimientos). Hemos de recordar que la técnica no es el arte, pero es una ruta indispensable hacia él o –lastimosamente– un obstáculo fatigoso, suficiente para desbaratar proposiciones merecedoras de un mejor tratamiento. Si esos puntos no están resueltos de modo adecuado, no se le presta el servicio que ameritan, ni al sonido, ni al movimiento, ni a la palabra, ni a la imagen; precisamente los portadores de los contenidos estéticos que constituyen la razón de ser de un festival. Se pone en riesgo la eficacia de un mensaje a transmitir y se desafía innecesariamente la paciencia de un público dispuesto a recibir. Cuando los elementos de este proceso son tan significativos como en el Ruk’u’x, otorgarles estas consideraciones es de fundamento aún mayor. Sirvan estas líneas para animar a sus coordinadores y sus promotores para que aborden resueltamente tales aspectos y les den seguimiento.

Sólo queda agradecer y felicitar a los integrantes y colaboradores del movimiento, a la Municipalidad de Sololá y a los demás entes de autoridad que facilitaron la logística y la realización del festival, así como a la Embajada de Noruega, cuyo irrestricto apoyo es de mucho valor en este camino. Un camino largo y bastante trabajoso, pero con un destino radiante y de una trascendencia que todavía está pendiente de una mayor apreciación por parte de comunidades locales, nacionales y regionales.

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