DE MIS NOTAS

Fresco de chan

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Uno trata de comprender lo que pasa en esta nuestra patria con amagues de golpes de Estado, autoharakiris de 107 diputados con retractaciones pusilánimes; un presidente tratando de mantenerse a flote mientras Raymundo y medio mundo le apuntan a la cabeza; un pueblo harto hasta la coronilla, no solo por corrupción, sino del descalabro del Estado como tal: Constantes bloqueos y manifestantes en vías de comunicación, Infraestructura y carreteras colapsadas, ingobernabilidad; balaceras y fugas de mareros en hospitales públicos;  invasiones de fincas donde la Policía Nacional Civil no puede actuar porque tiene órdenes; hostilidad legal y política a las inversiones internacionales, como Mina San Rafael, —ahora con permiso para seguir operando, pero sitiada por los oenegeros mercenarios, incluido el cura del lugar, que desde el púlpito predica sus ilustraciones anti- minería mientras por el otro recibe donativos en euros— y  el proceso de  Oxec I y II, aún pendientes de resolver en forma definitiva. Esa es la situación. Un panorama turbio como el fresco de chan.

En ese espacio nos movemos dentro de un escenario de información y desinformación a la velocidad de un twitt o facebookazo. Es la realidad de las y los milenials/posmilenials —y los cuantos baby boomers que vamos de salida. La comunicación ha evolucionado y los medios tradicionales ya no son los únicos que hacen agenda setting. Desde ahí se maneja toda la información de esta crisis.

El ambiente está polarizado. Y no somos pocos los que estamos de acuerdo en combatir la corrupción y a la vez, con toda la libertad, de poder criticar a la Cicig y a los comisionados de turno por los serios errores cometidos ahora y en el pasado, sin el temor de ser tachados de corruptos, o de ser amiguitos de los defensores de Cicig por darles un like o estar de acuerdo con algún comentario o postura. Tengo amigos de ambos lados del río y me siento como aquella dolorosa descripción de un migrante aparecida en un reportaje: “Flotando en medio del Río Grande, con bolsas plásticas infladas y una ansiedad enorme”.

¿Hacia dónde nos lleva esta corriente? Hay demasiada crispación en el ambiente desde la entente entre el comisionado y el presidente y la aprobación de esos nefastos decretos. Nadie quiere a los diputados. Cierto. Mis columnas contra ellos caben en un libro. Me uno al coro de que necesitamos verdaderos y auténticos representantes de la intermediación política en el Congreso. Que el sistema político que hemos creado es corrupto y debemos anularlo y recrear uno nuevo como Prorreforma. Que no sería irreal inferir que la Caja de Pandora que han creado obligue a renunciar por la vía del antejuicio a los 40 diputados que tienen iniciados procesos judiciales penales. Pero de eso a demandar que se obligue a renunciar a todos los diputados que votaron los decretos es un salto al vacío contra la institucionalidad democrática y el sistema republicano. ¿Cómo desaforar legalmente a un represente electo?

Esta es la situación actual del sistema de justicia. ¿Se va arreglar sacándolos a todos?

– La corrupción continúa.

– Los fiscales siguen sin lograr condenas en juicios de impacto y tienen un millón 280 mil casos en mora.

– Magistrados de la CC emitiendo resoluciones políticas, violando las mismas normas de la Constitución.

– Órdenes judiciales expeditas (exprés) cuando la Cicig lo “ordena”, a pesar de poder ordenar la conducción del sindicado.

– Sistema penitenciario controlado por las mafias, carteles y maras, con graves violaciones a los derechos humanos.

El problema de siempre: Representatividad. En una Instancia Nacional de Consenso. ¿Quién se sienta en la mesa? ¿Codeca?

No iré al paro. Defendamos la República.

alfredkalt@gmail.com

ESCRITO POR:

Alfred Kaltschmitt

Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.