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La crisis de las 72 horas

Jorge Jacobs Fb/jjliber

Venezuela está en crisis y probablemente llegue a su siguiente clímax mañana al mediodía. Mañana se vence el plazo que Maduro le diera al gobierno de Estados Unidos para retirar a su personal del país, pero ellos ya dijeron que no lo van a hacer, porque no lo reconocen como legítimo gobernante. ¿Cómo se va a desencadenar la situación? Es una apuesta en la que se juega el futuro de los más de 30 millones de venezolanos.

Todo inició este año, cuando ya casi nadie daba mayor esperanza de que Venezuela no fuera a terminar como Cuba, con una rancia dictadura de más de 60 años. El circo estaba listo para la “toma de posesión” de Maduro en su segundo período, logrado en unas falsas elecciones que casi ningún país fuera de sus aliados reconoció. La toma de posesión fue solitaria y luego condenada como ilegítima por muchos países. Pero esta desfachatez extrema, en un país donde más del 10 por ciento de la población se ha ido huyendo del hambre y la pobreza, fue la gota que rebalsó el vaso para que surgiera una nueva esperanza de salir de los tiranos.

De la noche a la mañana surgió alguien que, sin ser tan conocido, podía aglutinar a la oposición —que ahorita se calcula en un 80 por ciento de la población— y convocar nuevamente a las calles para enfrentar al tirano. Y las manifestaciones del miércoles batieron récord. Es en este contexto que Juan Guaidó, el joven presidente de la Asamblea Nacional, juró como “presidente interino” a cargo del gobierno, que es una prerrogativa que le concede la Constitución, luego de que la misma Asamblea había desconocido a Maduro por las elecciones fraudulentas.

El apoyo casi inmediato que recibió de Donald Trump y Luis Almagro fue clave para que, en las siguientes horas, bastantes países se sumaran a ese reconocimiento y el miércoles 23 se convirtiera en un parteaguas sin posibilidad de retorno. Pero Maduro no iba a soltar fácil el poder y esa misma tarde denunció al gobierno de Estados Unidos de estar fraguando un “golpe de Estado”. Por ello anunció que rompía relaciones con “el imperio” y les daba 72 horas para que todos sus diplomáticos abandonaran Venezuela. La respuesta de Estados Unidos no se dejó esperar y esa misma tarde Mike Pompeo, secretario de Estado, indicó que ellos no recibían ordenes de Maduro porque él ya no era presidente de Venezuela, y que el nuevo presidente “encargado” era Juan Guaidó y él había invitado a todos los países a mantener sus embajadas en Venezuela.

Esto hace que la clave de esta crisis sea esas 72 horas, que en teoría se vencen mañana sábado al mediodía, aunque Maduro ya dijo ayer que les da hasta el domingo para salir.

Ahora bien, cuando venza el plazo, Maduro deberá decidir si hará valer sus declaraciones, ya sea sitiando la embajada de Estados Unidos o, peor aún, intentando ingresar y sacar a la fuerza a los estadounidenses que allí se encuentren, o simplemente no hará nada al respecto. En caso de tomar acciones, el gobierno de Estados Unidos lo puede tomar como un ataque a su territorio y tomarlo como excusa para invadir Caracas para “resguardar” a sus ciudadanos y su territorio. En caso de que Maduro finalmente no haga nada al respecto, estaría mostrando la debilidad de su régimen. Así que Maduro mismo se puso en una situación de la cual difícilmente pueda salir bien librado.

Considero que la mejor salida para todos es que el ejército venezolano —no su cúpula— apoye a Guaidó y propicie una salida “sin violencia” de Maduro y su gente, pero dudo que lo hagan sin pelea. Esperamos que no mueran más personas en esta búsqueda de libertad y desarrollo para los venezolanos.