Catalejo

La extraña lógica de Estados Unidos

Mario Antonio Sandoval

Una vez realizada la visita del vicepresidente Mike Pence, se puede interpretar en mejor forma la actual realidad del gobierno de Estados Unidos y en especial de la figura del funcionario llegado a Guatemala a reñirse con los presidentes del Triángulo Norte. Su estilo, al menos aquí, fue áspero, y su mensaje no cambió ni en el fondo ni en la forma del expresado por el presidente Donald Trump. Quedaron sorprendidos quienes pensaban tener una posibilidad de esperanza para una posición estadounidense dispuesta a ayudar para la solución de las raíces de los problemas del istmo y de esa manera colaborar también de manera efectiva para evitar la peligrosa y mortal travesía, si bien existente desde hace años, ahora parte de las recomendaciones estadounidenses.

Resulta cruel advertir a los posibles inmigrantes acerca de esos peligros, pero al mismo tiempo olvidar la obligatoriedad del viaje por los efectos de la corrupción, la falta de oportunidades y la violencia en los países. Estados Unidos tiene pleno conocimiento de esta situación y entonces no puede haber explicaciones lógicas. A quienes habitan al sur del río Bravo les es imposible entender por qué este problema, de cuya seriedad nadie duda, pone en riesgo la seguridad nacional estadounidense, mucho más afectada por el uso y trasiego de drogas. Esta lacra afecta a los ciudadanos de ambas regiones, y además su combate efectivo radica en el gobierno estadounidense porque los países pequeños no tienen recursos para enfrentarse a la formidable fuerza armada y económica existente entre estos grupos de delincuentes.

Lo expresado nuevamente por Pence podía compararse con recomendar a un niño famélico de alguna aldea remota pedirle a su papá alimentarlo con comida balanceada y suficiente. Resulta una burla, en la práctica. A causa de la atención mundial a Trump, el vicepresidente había estado de alguna manera entre la bruma y ese desconocimiento en los países hispanoparlantes cercanos, había despertado la esperanza de ser alguien con diferencias al respecto de las políticas presidenciales. Hubo diferencia respecto al tono, pero la rudeza del mensaje estuvo presente. A partir del jueves pasado, quien dude de la coincidencia total de ambos políticos republicanos no tiene capacidad de discernimiento político o simplemente se niega a aceptar la realidad.

Pence, entonces, es un “super republicano” como lo es Trump. Y tanto quienes integran el senado como el congreso piensan igual, aunque en algunos casos haya habido voces de protesta. Pero lo hacen por la misma razón de las declaraciones o silencios de todos los políticos, en general: preocuparse por ganar la siguiente elección, no por beneficiar a las generaciones presente y futuras. Su visita, creo yo, obedeció a quedar bien con sus electores, y a dar órdenes. Por aparte, redes sociales y algunas columnas de comentaristas afines, han comenzado campañas de mensajes contra los adversarios políticos y a la prensa independiente. Por cierto, se parecen mucho a las acciones similares puestas en marcha en Guatemala por el actual gobierno.

En vista de la imposibilidad para Guatemala de detener la emigración ilegal, como tampoco es posible para Estados Unidos, el resultado de la visita de Mike Pence a nuestro país debe servir para convencer a las autoridades de buscar otros amigos o afianzar a los existentes. Esto debe iniciarse de inmediato porque a mi juicio los dos políticos aquí mencionados serán electos nuevamente en los próximos comicios. Los centroamericanos seguirán muriendo en manos de los coyotes, en los desiertos, y en las fronteras las autoridades estadounidenses podrán dispararles o separar a madres y padres de sus hijos de cualquier edad. Pensar de esa manera no es ser antiestadounidense, sino nada más conocer la historia de los últimos 75 años. Tengo mucha ilusión, pese a todo, de estar errado.