Cable a tierra

La recaptura de la Universidad Rafael Landívar

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Desde ayer está circulando una carta abierta dirigida a las autoridades de la Universidad Rafael Landívar (URL) de parte de los docentes, investigadores, estudiantes, centros de investigación, organizaciones sociales y personas particulares que han visto con preocupación cómo en el último año la URL desanda el camino que se trazó en su último plan estratégico quinquenal. Dicho plan está marcado por la decisión de este ente jesuita de educación superior de reafirmar y potenciar su compromiso social con Guatemala, en particular, con los más desfavorecidos. ¿Sus medios? Los que corresponden a una universidad seria: elevar la calidad científica y crítica de su práctica de investigación, de la docencia y de la proyección social de la institución, cuestionando la realidad en que estamos inmersos, en lugar de consentir con el estatus quo; aportando a la par propuestas de cómo convertirnos en una sociedad más democrática e incluyente.

A pesar de que la implementación del plan estratégico está en curso, había comenzado a dar los frutos deseados. No obstante, ahora se enfrenta a una terrible amenaza, al parecer fustigada por el contexto político que vivimos, y donde hay esfuerzos dirigidos a que la URL abandone su postura a favor de los cambios que se impulsan en el país. Si tienen éxito, el gran perdedor será la sociedad y las nuevas generaciones de universitarios landivarianos.

Comenzaron con el despido de algunos catedráticos; luego fue la intención de “reconfigurar” la orientación editorial y el enfoque de periodismo de investigación de Plaza Pública. Un espacio que no solo abrió brecha en el periodismo digital en Guatemala, sino que se ha convertido en un centro vivo para el desarrollo del periodismo de investigación y un espacio inédito para que la gama más variada de personas pueda manifestar su opinión y parecer sobre diversos temas y eventos que ocurren en la sociedad. La creación de la vicerrectoría de investigación no solo enmarca el esfuerzo de la Plaza Pública, sino el desarrollo de investigación universitaria con mayor proyección y relevancia para la sociedad. Elevó también la proyección pública de la Landívar, tanto por medio de su unidad de incidencia pública como por sus posicionamientos en momentos críticos de la coyuntura actual, que reflejaron a una universidad comprometida con un futuro mejor para Guatemala.

Ahora han movido todas sus influencias para que la actual rectoría asuma el costo político visible de despedir a profesores e investigadores emblemáticos de la Universidad, que se caracterizan por su pensamiento crítico e independiente; además, sin reconocerles siempre sus derechos laborales; para que la URL adopte silencio frente al acontecer nacional, en contraste con su clara postura pública previa de favorecer la depuración del Estado y la lucha contra la corrupción; para que emprenda la desarticulación de los cuerpos de investigación de la vicerrectoría bajo el pretexto de una “nueva reestructura” que devuelva la investigación a su condición anodina e irrelevante; además, de la muestra evidente de que se están cerrando los espacios internos para el diálogo y la manifestación de disensos, sin temor al despido.

Si la Conferencia Episcopal de Guatemala tuvo el tino de identificar el riesgo de ser instrumentalizados por los operadores de la impunidad y la corrupción y se deslindaron acertada y oportunamente, confío que tanto la Rectoría como las autoridades superiores de la Compañía de Jesús se percatarán de que están corriendo un riesgo similar y procederán a tomar las medidas necesarias para que la Universidad Rafael Landívar continúe por la senda que ya se había trazado.