Editorial

Los riesgos de un poder sin balances

Con todo y lo arriesgado que pueda resultar la ofensiva de Washington contra la tiranía venezolana, principalmente para la población, esto ha sido posible porque el débil balance de poderes le permitió al recién nombrado presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, argumentar que la Constitución lo faculta para autonombrarse “presidente encargado” de ese país.

Presidir uno de los órganos de poder republicano es lo que abre una puerta para el fin de un insostenible régimen. Ese necesario balance de poderes es lo que no parecen entender algunos, que persisten en su discurso confrontativo, con la clara intención de que otros órganos de control agachen la cabeza ante los abusos, como ocurre en Guatemala, donde el presidente Jimmy Morales insiste en descalificar a las instancias judiciales.

Ayer, durante su encuentro con el dirigente magisterial Joviel Acevedo, el presidente Morales volvió a la carga contra lo que él llama una persecución ideológica, que describió como un nuevo tipo de colonización, en una clara alusión a su confrontación con Naciones Unidas por su pretensión de terminar de manera unilateral el acuerdo sobre la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala.

Según el mandatario, las pesquisas del Ministerio Público y la Cicig por financiamiento electoral ilícito encajan en una persecución contra quienes “firman documentos… buscan doblegar a quienes no estén de acuerdo con ellos o por una mala interpretación de las leyes”, en un nuevo intento por eludir la persecución penal que pesa sobre él por financiamiento electoral ilícito.

Lo peligroso de esas interpretaciones es que el presidente guatemalteco se pone al mismo nivel de los tiranos que castigan a sus pueblos en Venezuela y Nicaragua, donde han cooptado las instituciones y han sometido a los funcionarios, por lo cual también se ha anulado el equilibrio y prevalece el abuso de poder, pues el desafío a los tiranos no ha podido triunfar.

Peor lo hace el mandatario cuando ofrece un discurso disociador en el lugar menos adecuado, pues el liderazgo actual del magisterio nacional no tiene la suficiente solvencia moral para arropar a un presidente en problemas y por ser esta una dirigencia con un perverso pasado marcado por el vergonzoso apoyo a los gobernantes y funcionarios más corruptos de nuestra historia reciente.

El brillo que alguna vez pudo tener el magisterio nacional desapareció con el servil liderazgo de Joviel Acevedo, porque ha callado ante el abuso gubernamental y, en cambio, ha ofrecido un interesado apoyo a los últimos mandatarios, a cambio de prebendas insostenibles que deben sufragar los contribuyentes guatemaltecos.

Acevedo se sumó ayer al desafortunado discurso presidencial al arremeter contra las autoridades del Ministerio Público, a quienes acusa de persecución selectiva contra el sindicalismo, en alusión directa a las recientes capturas de sindicalistas vinculados con un caso de corrupción en el Ministerio de Salud.

Es una lamentable coincidencia de liderazgos trasnochados, desafiantes y oportunistas que podrían conducir a mayores abusos si en Guatemala no existiera un resquicio de justicia, el cual tiene al presidente y a muchos otros funcionarios en la mira de la justicia, aunque pretendan hacer creer que existe en el país una persecución ideológica o colonizadora.