Aleph

Nos toca escribir el 2019

Carolina Escobar Sarti cescobarsarti@gmail.com

Era un primero de enero de 2019. Era una primera mañana. Era una hoja en blanco, como cada día de cada año de todos los siglos. Entre la muchedumbre y las bombas de iglesia que mataron del susto a más de un pichón en algún árbol no muy lejano, estábamos deseando que Guatemala fuera otra. Estábamos creyendo que la gente iba a cambiar de la noche del año viejo a la mañana del año nuevo. Y dejamos “correr el sur” por pocos días, como lo hacen las pandillas cuando se dan una tregua y dejan el enfrentamiento para el resto del año. Pero nada es para siempre.

Hemos vuelto a la Guatemala que vivirá en el 2019 unas elecciones complejas y definitivas. Hemos vuelto a las redes sociales para darnos cuenta de que los mercenarios netcenteros o los amantes del pensamiento monolítico saben mejor que nadie cuándo termina la tregua e inicia el tiro al blanco. Hemos vuelto a la Guatemala surrealista, donde el presidente que debe respetar la Constitución más que ningún otro ciudadano la rechaza y ataca. Estamos en la Guatemala del 2019, tierra naturalmente bella y, en parte, socialmente obscena cuando recordamos lo que es capaz de hacer el #Pacto de Corruptos. Esa tierra donde algunos creen ciegamente que se puede alcanzar la paz sin la justicia.

Nos devolvimos ya a la memoria de la niña y el niño que murieron migrando al norte, ninguno mayor de 8 años, pero no para revolcarnos en la nostalgia, sino con el propósito de no volver a asistir a otra tragedia humana como esa, donde la esperanza se corta de tajo apenas naciendo. Esta es la Guatemala donde coexisten los edificios más altos de la región y los barrancos más profundos. Y las nuevas generaciones se preparan para ir a la escuela, al colegio o a la Universidad, a tratar de aprender a pensar y a pasarla bien. Con la mala noticia, para muchos, de que la mayoría de instituciones educativas son centros de doctrina y trauma, en vez de lugares para la formación del pensamiento propositivo y crítico.

Con todo y la dosis de realismo que precisamos para no volver a creer en las mentiras de los políticos como volvemos a creer en Santa Claus cada año, vamos asistiendo a un 2019 para el que necesitaremos fuerzas y ganas. Quizás porque sabemos que nada bueno se construye de la noche a la mañana, sino teniendo en las manos y la cabeza el sentido de proceso que nos ayuda a seguir adelante, a pesar de todo. Queremos ser estratégicos, no viscerales; queremos ser visionarios, no sembradores de doctrina; queremos pensar, no solo balar como las ovejas del rebaño. Queremos hacer realidades posibles y ensuciarnos las manos y los pies en el día a día, pero sin dejar de usar la razón. Queremos aprender a saber qué batallas dar y cuáles no dar, y también aprender a ser cada día personas más solidarias, más conscientes, más dignas.

No imagino en el 2019 mujeres y hombres de Guatemala tristes, como personajes de un cuadro realista de Hopper, tan cercanos pero al mismo tiempo tan distantes. Imagino un 2019 con gente que quiere algo distinto para su vida, para este país, para las nuevas generaciones. Gente que se comprometa y quiera escribir algo que no se borre fácil de las páginas de nuestras historias personales y humanas. Somos mucho más que mujeres y hombres de Guatemala; somos de un mundo donde hay espacio para todos.

Viene una campaña electoral que ya se anuncia despiadada. Traemos las lecciones aprendidas en el cuerpo y estamos justo en el momento de tensión entre la posible llegada del comisionado de Cicig y los obstáculos que sigue poniendo el #Pacto de Corruptos. Así de grande la fractura de esta democracia. Grandes desafíos se abren ante nosotros porque hay muchos intereses y privilegios en juego, pero también nos jugamos el futuro de Guatemala. Nos toca escribir la página de los siguientes 364 días.