Opinión

Catalejo

El muy explicable trío Morales, Murillo y Ortega

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

Conforme pasan los días empieza a entenderse la magnitud del vergonzoso voto de abstención de Guatemala en la Organización de Estados Americanos, para crear una comisión cuyo fin es ayudar a los nicaragüenses a esclarecer la violencia indiscriminada del actual gobierno. En vista de la dimensión personal de las figuras políticas en el mundo actual, es clara la existencia de un nefasto trío entre Jimmy Morales, Rosario Murillo y Daniel Ortega. En el caso salvadoreño, la abstención es producto de la manera de pensar de Salvador Sánchez Cerén, quien demostró no haber superado su etapa de la Guerra Fría. Pero Morales es percibido como un gobernante de derecha, aunque en realidad por sus capacidades personales es un ejemplo específico de la  “bandazocracia”.

Tiene lógica la integración de este trío, a mi juicio inesperado, porque existen algunas similitudes. Morales de hecho abandonó a los damnificados por el volcán de Fuego y de alguna manera permitió la corrupción para repartir la ayuda. En la práctica no ha hecho nada, o muy poco, por los niños inhumanamente separados de sus padres, inmigrantes ilegales, en la frontera entre México y Estados Unidos. Si no fuera por organizaciones humanitarias y voluntarias estadounidenses, no se conocería de afortunadas localizaciones de infantes llevados en muchos casos a estados lejanos. Es una forma de demostrar poca preocupación, casi rayana en el desprecio, por el sufrimiento de estos niños y sus padres a causa de una medida legal aplicada con total inhumanidad.

Por su parte, Ortega ha actuado con un paroxismo de desprecio por la vida de sus ciudadanos, al lanzarles hordas de sicarios armados. Lo ocurrido en su país tiene su peor elemento en haber ocurrido ya en el siglo actual y a relativamente pocos kilómetros del territorio guatemalteco. Los efectos de la indudable emigración de ciudadanos nicas y sus familias serán sentidos, y es deducible por simple lógica por Costa Rica, El Salvador, Honduras y Guatemala, donde ya la terrible situación económica y la falta de esperanza causa las emigraciones hacia el Norte, donde a algunos les espera la muerte, posibilidad aumentada por las decisiones políticas, a lo cual se une la geografía inhóspita y los riesgos a la dignidad de quienes escapan del istmo, en especial las mujeres.

La explicación de la canciller guatemalteca sobre el voto demuestra cinismo. Habla de intervención, y al emplear este término en la práctica acepta la masacre como una actividad válida de gobierno, por lo cual, para este gobierno, integrar una comisión investigadora es inadmisible. A mi juicio debería dirigir un mensaje a las madres, padres, hermanos y otros familiares de ese grupo de cuatrocientos jóvenes luchadores por el bien de su país, y cuya lucha fue con palos y piedras, así como alguna eventual arma de fuego hechiza, a tropas encapuchadas y con armas de grueso calibre. Quienes lloran también deberían incluir a integrantes de los grupos oficiales represores, porque las lágrimas no reconocen ideología, ni el aferramiento al poder, y son producto de la asesina tozudez del ortegasomocismo.

Creo representar el sentir de la mayoría de guatemaltecos al enviar un mensaje de solidaridad y de condolencia a las familias de todas las víctimas de la dictadura. Igualmente, a quienes no nos sentimos representados por un gobierno puesto por decisión propia del lado negro de la dictadura de Daniel Ortega y de Rosario Murillo. Quienes integramos este grupo sentimos vergüenza de dos calidades: una, ajena, porque esa acción absurda no la cometimos, y la segunda, porque fue cometida en nuestro nombre. Este gobierno ha cometido cientos de errores por docenas de causas, pero esta decisión de apoyo tácito a una dictadura a mi juicio será recordado por la historia nacional como el peor yerro, al implicar tal desprecio a la vida humana y al buen gobierno.