Opinión

Liberal sin neo

Un (otro) plan para la prosperidad

Fritz Thomas

Fritz Thomas

Desempolvé el Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte (PAPT) que, en teoría, inició en el 2015. En apariencia, este plan fue producido por los gobiernos de Guatemala, El Salvador y Honduras e incluso la postura narrativa del documento es en primera persona, “nosotros, los gobiernos de los tres países”. Pero el documento fue preparado por el Departamento de Estado de EE. UU.  El PAPT surge a raíz de la crisis de los niños migrantes en el 2014, cuando más de 60 mil menores no acompañados, provenientes de los países del Triángulo Norte, fueron detenidos en la frontera de EE. UU. Este plan sería otra creación de iniciativas para conducir a los países de Triángulo Norte a “la prosperidad”, como palanca para reducir la migración al norte. Con pompa, el pasado mes de febrero el ministro de Economía, Acisclo Valladares, y el embajador de EE. UU., Luis Arreaga, lanzaron el portal del PAPT. Como curiosidad, el portal contiene una matriz de casillas para ir marcando objetivos cumplidos; dichas casillas están en blanco.

El resumen ejecutivo del PAPT manifiesta que “hemos acordado los lineamientos de un plan que dirigirá las medidas prioritarias que realizaremos sobre el mediano plazo para crear las condiciones de desarrollo que permitirán a las personas continuar viviendo en nuestros países”. Las acciones estratégicas del plan persiguen: A) Estimular el sector productivo para crear oportunidades económicas. B) Desarrollar oportunidades para nuestra gente. C) Mejorar la seguridad pública realzando acceso al sistema legal, y D) El fortalecimiento de las instituciones para aumentar la confianza de las personas en el Estado.

El PAPT no logrará alcanzar los objetivos planteados, principalmente porque solamente presenta una serie de aspiraciones, más no los medios para alcanzarlas. Los problemas son los mismos de siempre, la pobreza y falta de oportunidad, las soluciones son las mismas, grandes aspiraciones abstractas y las herramientas concretas, como siempre, están ausentes.

Fortalecer, impulsar, estimular, promover, coordinar, incentivar, desarrollar, ampliar, implementar, asegurar, modernizar y enfocar. Estos son los mismos verbos en claves, propios de todos estos planes. Los fondos que donará EE. UU. irán a parar a las organizaciones multilaterales como el BM, BID, BCIE, AID y un largo alfabeto de oenegés, que “invertirán” los recursos en tecnócratas que viajarán en primera a inspeccionar, asesorar y elaborar reportes que nadie, excepto ellos y otros “altos” comisionados, leerán. En resumen, los recursos serán invertidos en burocracia y la respectiva sociedad civil que brinda acompañamiento. Fortalecer, estimular e impulsar, no es un plan.

Los mejores planteamientos del plan tienen que ver con inversión en infraestructura y corredores logísticos, ya que identifica acciones concretas para mejorar la interconectividad, flujo del comercio y aumentar la productividad. Pero estas grandes aspiraciones contrastan con fajas descompuestas en el Aeropuerto La Aurora, la lentitud para descargar contenedores en los puertos y el colapso de la red vial.

Guatemala sigue empantanada en lo que llamaré la “mentalidad Obama”, que ve el problema en la desigualdad y la injusticia social, y la solución en la redistribución y la asistencia. Contrasto esto con la “mentalidad Reagan”, que ve la solución en quitar obstáculos a la producción, crecer la economía y crear más oportunidad. El Departamento de Estado de EE. UU. y el PAPT son más afines a la mentalidad Obama, si no en teoría, seguramente en la práctica. El retorno de Robinson, es señal clara.