Pluma invitada

Persiste salvaje matanza diaria

El corazón de los ciudadanos responsables que anhelan vivir en paz sufre diariamente extremo estrés, desde cada madrugada hasta el anochecer, así como dolor  y luto, por abundantes y escalofriantes fechorías cometidas con libertad por sujetos bestiales, con la indolencia indirecta de las autoridades responsables de aplicar las leyes de manera rigurosa, extrema si se requiere.

Asesinatos, secuestros, ataques armados, extorsiones, sicariato, robos, asaltos, cadáveres descuartizados y niños ahorcados, baleados en sus rostros y corazoncitos.

Los policías también deben vigilar bien armados y sin uniforme, a pie, en buses y en motos, para evadir el apretado tránsito en momentos de urgencia, pues los bandidos operan de manera organizada y tampoco les importa morir o matar. La sangre de tantas víctimas seguirá regando calles, carreteras, barrancos, casas y ciudades.

Continúa tan desolador panorama impuesto a la ciudadanía honrada por enloquecidos criminales, políticos, funcionarios, empresarios, particulares y fantasmas que no dan la cara, quienes merecen pronta y enérgica acción legal para paliar o erradicar hasta donde se pueda la corrupción, impunidad, inseguridad y violencia, no obstante la valiosa acción actual de los ministerios Público y de Gobernación y sus policías, que necesitan mejores presupuestos y más elementos para poder cubrir mejor al país, que registra al momento más de 12 millones de habitantes.

¿Tímida aplicación de justicia? Muchos procesados siguen presos desde hace varios años, en vez de ser sentenciados o declarados inocentes, y malhechores extranjeros se aprovechan de la hospitalidad e indiferencia estatal chapina.

Imposible dejar de citar de nuevo las constantes tragedias viales diarias, con saldos lamentables de muertos, heridos, lisiados y destrucción material. Traileros manejando a excesiva velocidad, desvelados, alcoholizados o drogados para soportar más largas y agotadoras jornadas de trabajo, apoyados por empresarios irresponsables que no adoptan controles inmediatos, inclusive a su favor, Igualmente, pilotos irresponsables de buses urbanos, especialmente extraurbanos, que dejan tendaladas de muertos y heridos en carreteras o barrancos; motoristas que no usan chaleco ni casco, transportan a esposas, tres o cuatro niños, y conducen a alta velocidad, así como taxistas, y motoristas transportando comida rápida.

Es clara la indirecta ayuda de policías que se hacen de la vista gorda, que no aplican la ley o que reciben “mordidas”.

Personas presuntamente buenas cometiendo diversos delitos, influenciadas por desórdenes sociales, celos, enojos conyugales, peleas por tierras, malos consejos, ausencia familiar, sin hogar, malas amistades, envidias, ofrecimientos ilegales, abandono de recién nacidos, alcoholismo, drogadicción o falta de trabajo, alimentos, vivienda y recursos económicos. Venta de drogas en calles, cerca de centros educativos o en la Plaza de la Constitución, frente a nuestro Palacio Nacional de la Cultura, donde también abundan los ladrones.

No debemos olvidar que Guatemala está marcada entre los 10 países más vulnerables y violentos del mundo. Abatida no solamente por profusa crisis política, social y educativa, sino azotada constantemente por la naturaleza, como sucedió con la devastadora erupción del Volcán de Fuego, con saldo trágico de muertos —todavía hay cadáveres soterrados—, lesionados, inválidos y severos daños a poblados, caminos, puentes y agricultura, así como millonarias pérdidas económicas. Tenemos la obligación de preservar el medio ambiente para evitar un futuro cercano más cruel.