Pluma invitada

¿El futuro?

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Desde el inicio del Tribunal Supremo Electoral comenzaron mis servicios en esa entidad, como director general del Registro de Ciudadanos. En 1989 fui electo magistrado y en 1994, presidente, hasta 1996, en que terminó nuestro período. Fuimos reelectos el Lic. Medrano Valenzuela y yo; lo integraron, además, Félix Castillo Milla, César Augusto Conde Rada y Osmundo Villatoro Díaz. Nuestro ejercicio finalizó en marzo de 2002.

Estuvimos en el TSE durante 19 años, durante los cuales gobernaron Guatemala Efraín Ríos Montt, Óscar Mejía Víctores, Marco Vinicio Cerezo Arévalo, Jorge Serrano Elías, Ramiro de León Carpio, Álvaro Arzú Irigoyen y Alfonso Portillo Cabrera. Cuando comenzó la vigencia de la nueva Constitución Política de la República de Guatemala se dijo a los cuatro vientos que también comenzaba la apertura democrática.

La tal apertura democrática quedó en eso. Lo que dio la apariencia de democracia con solamente elecciones libres y la renovación periódica de la Presidencia de la República. Poco a poco, solo al principio y después en forma acelerada, todo el sistema se fue degradando hasta este momento, en que vivimos la etapa más antidemocrática.

¿Qué se espera después de las elecciones? En mi opinión lo mismo o tal vez peor. El deteriorado y obsoleto sistema bajo el cual se han incrementado los hechos y actos perversos —nepotismo, tráfico de influencias y, sobre todo, la terrible corrupción—, continuará, sea quien sea el ungido para sentarse en el trono, por lo que se ve en los postulados y en los grupos electoreros que los presentan.

Repito lo que mil veces he expresado, solamente cambiando radical y absolutamente el sistema podemos avizorar una incipiente era democrática pasando de la puerta. Pero como lo preguntó el ratón literato, fingiendo cojear de un pie, en la famosa fábula: ¿Quién le pone el cascabel al gato?

¿Será un despertar ciudadano? ¿Será con la aparición milagrosa de un verdadero líder? ¿Será con la unión de todos los guatemaltecos de ambos sexos, deponiendo todas las creencias, las supuestas ideologías, los intereses personales, la inclusión de todos, sin discriminaciones o desigualdades, sin ambiciones desmedidas y con un patriotismo auténtico y el orgullo de ser guatemaltecos honrados? En fin: Que no sea el sueño de un idealista ni un derroche de optimismo. Guatemala lo exige.