Pluma invitada

Policías y ladrones

Pablo Rodas Martini  @pablorodas

Guatemala lleva varios años jugando a policías y ladrones en una secuencia que más o menos es así: a) la Cicig y el Ministerio Público (MP) —policías— persiguen a los políticos y a algunos empresarios —ladrones—; b) en cada redada, los policías siempre capturan a una nueva banda de ladrones, a los que ponen en la cárcel; c) la cárcel se llena cada vez más de ladrones, pues pocos son los que logran salir; d) pero los ladrones abundan, por lo que no hay redada en que la policía no cese de encarcelar a más bandas; e) partidos políticos nuevos llegan al poder con gente fresca, los que al poco tiempo se vuelven ladrones; f) la policía sale y captura más y más; g) la policía siempre es la misma (MP y Cicig); los ladrones siempre son otros; h) ¡asombroso, Guatemala tiene una capacidad sorprendente para producir… ladrones!

En síntesis, da la impresión de que Guatemala se hubiera quedado girando, una y otra vez, sobre la misma escena: policías que salen a la calle, encuentran nuevas bandas de ladrones, los capturan y encarcelan, salen de nuevo, nueva banda, capturan y encarcelan, etc. Es como ese género de películas que se ha puesto de moda, las de time loop —ciclo de tiempo—, en que la misma escena, con ligeras modificaciones, se repite una y otra vez, de manera infinita. Se comenzó contra el Partido Patriota. Después vino la embestida contra el actual presidente. Se arremetió hacia atrás, a la administración de Álvaro Colom. Seguro que si se va más atrás a las administraciones de Óscar Berger y otras, muchas personas terminarían en la cárcel. Y cuando lleguen los nuevos en el 2020 —asumiendo que Guatemala sigue girando en su time loop— muchos otros también terminarían en la cárcel.

O, recurriendo a otra metáfora, el MP y la Cicig serían equivalentes a lo que los astrónomos llaman agujeros negros, los cuales comienzan relativamente pequeños, pero a medida que van succionando estrellas —con sus correspondientes planetas—, se van agrandando, con lo que su capacidad de succión aumenta y de esa manera siguen creciendo en tamaño y fuerza a medida que devoran más sistemas estelares. Nuestro agujero negro succiona —hacia la cárcel— a políticos viejos y no tan viejos, jóvenes y no tan jóvenes.

La tragedia del país es que tenemos esas dos instituciones tremendamente efectivas para encarcelar políticos, pero no tenemos otra institución equivalente que cree una nueva clase política. El mandato del Tribunal Supremo Electoral es garantizar la transparencia de los procesos electorales, un mandato gigantesco, por lo que no se le podría recargar con nada más. El sistema educativo debería crear una nueva clase de políticos, pero en ese caso hablamos de un largo plazo y aún eso no va a ocurrir, pues la educación nacional no camina, sino más bien cojea. Terminamos con la cruda realidad: el desafío de crear a una nueva clase política recae en los mismos partidos políticos, algo imposible si tenemos en cuenta la situación patética de nuestros partidos. Sería como esperar que los mareros crearan niños y jóvenes que no fueran mareros. Un oxímoron.

Los nombres que se mencionan para las próximas elecciones no avizoran un renacer: Sandra Torres lidera un partido tan enlodado como el Partido Patriota; la UNE tuvo la suerte de que el comisionado Castresana tuviera otras prioridades. Zury Ríos es el eje alrededor del cual giran las fuerzas más reaccionarias del país. Alejandro Giammattei también está muy hacia la derecha, rodeado por grupos amorfos. En la izquierda… ¿qué izquierda? De ahí, otros que tratarán de replicar la victoria sorpresiva de Jimmy Morales: codiciosos, oportunistas e improvisadores. Y… Thelma Aldana; esta es una candidatura que luce interesante, pero dudo que levante vuelo, además, nadie tiene tantos enemigos como ella y se supone que el presidente represente la unidad nacional, algo que para ella sería otro oxímoron.

pablo.rodas@gmail.com