Pluma invitada

Relaciones constructivas

Rolando De Paz Barrientos rolando.depazb@gmail.com

Toda la creación, incluyendo al ser humano, fue calificado como algo bueno en gran manera, excepto una sola cosa: la soledad. No es bueno que el hombre esté solo, de manera que tanto el hombre como la mujer siempre tendrán la necesidad de compañerismo. Sentirse solo y rechazado puede hacer la vida casi insoportable; no obstante, el mal de este siglo es la soledad; el mundo está lleno de gente solitaria a tal punto que desarrollar relaciones constructivas y duraderas se ha vuelto un verdadero desafío.

¿Por qué es tan importante crear vínculos fuertes con otro ser humano? Porque somos seres sociales, creados para tener compañerismo unos con otros. Nos relacionamos con los demás en varias dimensiones: conyugal, familiar y social. Estas dan a nuestra vida propósito, significado e identidad.

Iniciamos este proceso desde que nacemos: con nuestros padres y familia, quienes constituyen el primer círculo de interacción. El tipo de relaciones que tengamos en este contexto será determinante para todas las demás que a futuro tengamos. Es el hogar donde se aprende a vivir en un ambiente de amor y cuidado mutuo, debe ser el modelo para aprender a construir relaciones sanas y duraderas. Para ello, la relación conyugal es determinante; el ambiente familiar está determinado en gran medida por la relación de nuestros padres. Tanto el hombre como la mujer tienen las condiciones físicas y psicológicas necesarias para complementarse mutuamente, modelar y desarrollar en sus hijos las capacidades para construir vínculos de amor, respeto y misericordia con sus semejantes.

No podemos cumplir con esta tarea si como padres no hemos aprendido a amarnos y respetarnos. De nada serviría el éxito profesional, laboral o económico si no somos capaces de amar a nuestro cónyuge. La vida no se trata de logros o adquisiciones, popularidad y prestigio, sino que tanto somos capaces de amar a quien se convierte en nuestra compañera o compañero de vida. Una sola carne implica mantener la unidad inquebrantable.

¿Cómo desarrollar relaciones sanas y fuertes, aun cuando no hayamos tenido un sano entorno familiar? Es un hecho que no hay familias perfectas, pero aun así podemos ser capaces de construir vínculos fuertes. Esto se logra con dedicación, tiempo e interés en la otra persona. Para ello hemos de estar conscientes de que todos somos imperfectos, fallamos, cometemos errores, causamos dolor. Siendo así, evitará que tengamos altas expectativas con cualquier relación y a la vez nos permite mantener una actitud abierta hacia el perdón. Un conflicto con nuestros semejantes interfiere en nuestra vida espiritual: ningún ser humano puede decir que ama Dios si no es capaz de amar a su prójimo. Toda la ley divina se resume en estar en paz con Dios y con nuestros semejantes.

Quien quiere tener amigos, ha de mostrarse amigo. Esto implica acciones concretas como las siguientes: busquemos estar en paz con todos en la medida de nuestras posibilidades, seamos pacificadores; sé respetuoso, muestra comprensión y misericordia ante las fallas; sé prudente, bendecir a un amigo en alta voz en horas de la madrugada resulta ser inoportuno; no traiciones la confianza ni descubras los errores; sé de apoyo, brinda consejos sabios; en tiempos de angustia o necesidad tu presencia tendrá mayor efecto que mil palabras.

En este mes del amor y la amistad, muéstrate amigo. En tus manos está el desarrollar excelentes relaciones: inicia estando en paz con Dios, contigo mismo, con tu cónyuge y con tu familia.

rolando.depazb@gmail.com