Florescencia

Retoñar

La semana pasada, mientras en Miami nos preparábamos para sobrellevar la furia del huracán Irma, una serie de fenómenos naturales y sociales también sacudían a Guatemala. Primero fue el sismo de 7.7 grados Richter que causó daños materiales considerables para muchas  familias en varios departamentos del suroccidente y occidente del país.

Luego vino el terremoto político que sacudió al país, comenzando con la decisión de la mayoría de diputados al Congreso, de no levantar la inmunidad del presidente para que pueda ser investigado por presuntos delitos de financiamiento electoral ilícito y, seguidamente, la aprobación por parte de legisladores de reformas al Código Penal en relación con el mismo delito y ablandar penas que, al mismo tiempo, favorecían a miles de criminales.

Experimentar de manera directa los azotes de un huracán y vivir su furia despiadada en carne propia ha sido uno de tantos momentos críticos de mi vida. Escuchar el rugir del viento, ver lo vulnerables y frágiles que somos ante la fuerza de la naturaleza, se transformó en momentos de reflexión sobre lo que se ha hecho por la vida, por el país y nuestra gente, y trazar un horizonte para cuando todo pase. Porque, a pesar del temor, lo que prima es la esperanza de un nuevo mañana.

Traigo a colación esta experiencia a manera de metáfora de la tormenta social en que ha derivado la crisis política de las últimas semanas. Como alegoría, quizá podríamos ponerlo como réplica del sismo ciudadano que sacudió las bases de la política en 2015.

Como en toda catástrofe, está el momento más crítico, luego viene la paulatina recuperación de la normalidad. El levantarse de los escombros no es tarea fácil, pero nunca faltará el trabajo y el ahínco para sobrellevar las secuelas. Ciertamente, casi siempre el precio de los daños es muy alto.

En Miami, luego del paso de Irma, empieza el trabajo de reconstruir las casas, recuperar la infraestructura y, en no mucho tiempo, los árboles caídos y truncados pronto se volverán a poblar y retoñarán. Es un ciclo inevitable eso del rebrotar y recuperarse después del desastre. Es natural la fuerza humana de sobreponerse a las vicisitudes y resurgir una y otra vez.

De ahí que pienso lo mismo de la crisis política y social de Guatemala. Quizá estamos en estos momentos ante el epicentro de la tormenta política. Pero lo más importante es saber que hay un nuevo día por venir. Que hay necesariamente un amanecer. Un resurgir y un retoñar, como esos árboles hoy destrozados o como el levantarse, en medio de grandes dificultades, de decenas de familias que sufrieron los embates del temblor.

Personalmente, aun en medio de la tormenta, creo que no todo es malo. Así como una catástrofe representa una oportunidad para prepararnos mejor en la prevención, la crisis política debe servirnos para discernir entre los malos políticos y los buenos líderes que nos pueden ayudar a sobresalir. Con esto, viene a mi mente el trabajo, la entrega y el profesionalismo de muchas personas que hoy están en el ejercicio público, quienes merecen nuestro reconocimiento y, sobre todo, nuestro apoyo. Hay buenos líderes que luchan contra la adversidad y tienen la sensatez de hacer las cosas bien.

No todos los servidores públicos en estos momentos proceden mal. Nuestra madurez social depende, en cierta forma, de la capacidad de identificarlos y encontrar puntos de convergencia en nuestro esfuerzo por retoñar y resurgir. Las acciones que los guatemaltecos tomemos para sobresalir de esta tormenta tienen acaparada la atención del mundo. Debemos actuar con sensatez.

MarcosAntil.com