Con nombre propio

Solo efectos y no causas

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

Cuarenta patojas murieron quemadas en un hogar a cargo del Estado. Fueron encerradas en un espacio de cuatro metros cuadrados, como castigo por la osadía de haber intentado huir, y de allí el incendio.

La familia, concepto básico de organización social y abrigo primario de cualquier ser humano en nuestro país, no funciona como debería hacerlo. Padres y madres que no tienen autoridad frente a sus hijos, padres y madres ausentes, padres y madres sin principios educativos mínimos para guiar, paternidades y maternidades irresponsables han dejado un largo camino de desesperanza.

De seguro habrá responsabilidades penales, civiles, administrativas y políticas, mucho se podrá escribir sobre la tragedia, pero el domingo recién pasado, en un centro de reclusión para menores, una nueva desventura puso en jaque el sistema. Un “motín” espontáneo o preparado provocó ya la muerte de tres monitores. Menores asociados a actividades ilícitas y que están recluidos provocaron los asesinatos.

Pero vale preguntarse: ¿Qué hace un joven o una joven que está en situación de abandono todo el día en esos centros? ¿Qué se enseña? ¿Qué futuro existe? ¿Cómo se maneja el tema sexual si lo que exigen es visita conyugal? Al adentramos más allá de la tragedia vemos que no existe un programa sobre cómo tratar con niños, niñas y adolescentes que jamás han delinquido y que han sido abandonados todo el día. Pero, además, para los adolescentes que sí han delinquido y que son difíciles de tratar tampoco existe mayor programa de reinserción. Los centros son minicárceles en donde se consigue una maestría para el crimen.

Veamos la institucionalidad, la Procuraduría General de la Nación tiene el mandato legal de representar a todos estos muchachos pero cuenta con un presupuesto paupérrimo para ello y sin interés estatal por décadas. El Ministerio de Gobernación debe paliar con la Policía Nacional Civil los desórdenes y enfrentar a los menores en las calles, sin mayor preparación, y además dentro de un ambiente institucional hostil frente a ellos. En el Organismo Judicial los tribunales de menores son los que menos apoyo tienen, y si no fuera por una jueza interesada en el tema como Verónica Galicia, lo poco conseguido con protección judicial no se hubiera logrado.

La Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia desde hace años debió haber dejado de tener control sobre los centros de menores, porque es imposible que una secretaría como esa pueda articular una verdadera política de Estado con relación a la integralidad del tema, y por supuesto, al Congreso le fascinan los shows mediáticos, cuando sobre ese organismo recaen las mayores omisiones institucionales, porque es evidente que, acá, políticas de gobierno por más de tres años no existen.

La tragedia no se puede describir, la muerte rodea, pero ¿qué hacemos hoy con todos esos niños de 2 o 3 años abandonados y lacerados en su familia? ¿Qué hacemos con todos estos niños producto de la violación y el incesto que luego son abandonados? ¿Qué hacemos con la infancia, porque muchos están condenados a hacer fila para ocupar los espacios que dejan sus mayores?

En las redes sociales se escucha muchísimo que la pena de muerte debe aplicarse parejo. Entonces todos fuéramos asesinos porque ¿no es este abandono a la niñez un problema social y la causa de la tragedia?

No dudo que debemos enfrentar los efectos, pero ¿cuándo le entramos a la causa? ¿Por qué al guatemalteco le encanta la represión como única salida frente a la crisis, cuando esa misma crisis se anuncia más dramática para dentro de unos 5 o 10 años? ¿Las maras no tienen un origen social? ¿O matamos a todos?