Catalejo

Sui generis relación entre Estado y credos

Mario Antonio Sandoval

A lo largo de la Historia, las relaciones entre Estado y religión han sido distintas, comenzando con la teocracia, es decir el gobierno de los sacerdotes, hasta una entente entre ambos al separarse los gobiernos religioso y estatal. Un elemento adicional es la libertad de cultos, por complementar la separación de ambas autoridades, una terrenal y la otra celestial. En el mundo contemporáneo, la relación entre política y religión es sutil, y por ello difícil de encontrar, pero existe. Estas reflexiones son útiles para explicar la llegada de las mega iglesias evangélicas de dirigencia máxima unipersonal, y una nueva interpretación del mensaje de Cristo: la teología de la prosperidad.

Según quienes la profesan, Jesús quiere ricos a todos, interesados sobre todo en las cosas materiales. La organización de las iglesias es empresarial, basada en un líder omnímodo, aunque tenga un grupo muy cercano de asesores. Se puede hablar del capitalismo llevado a los altares y ello justifica megatemplos, jets privados, joyas, ropa de lujo, mansiones, así como actuación casi teatral de los dirigentes, milagros ocurridos en el momento exacto, sanaciones, todo con la entusiasta y voluntaria participación de los seguidores, desconocedores de otro tipo de interpretación. Este concepto general enmarca la interpretación de lo ocurrido con Carlos Cash Luna, así como el esfuerzo de ciertos grupos evangélicos de tomar distancia, aunque otros manifiesten su aprobación.

La principal fuente de discusiones en este momento es el manejo del dinero. Al tener exoneración de impuestos, a mi criterio, debe haber información al alcance de todos acerca del uso de los fondos, de lo cual todas las iglesias no deben estar exentas. En la era de la información, ser trasparente no sólo es urgente sino necesario para tener a todo mundo tranquilo. La idea de labor eclesiástica no puede ser ajena a la del trabajo en beneficio de la colectividad. Esto no tiene relación alguna con la validez o invalidez de las interpretaciones, ni tampoco con una presunta obligatoriedad de la presentación de los óbolos, entregados voluntariamente y sin presiones directas por quienes de la misma manera se ha convertido en seguidores. Si hay dinero para jets, debe haber explicaciones.

Hoy en día existe un evidente esfuerzo por acercar a la práctica de la política con determinados credos evangélicos. Sólo en el Istmo se dan los casos de un candidato presidencial costarricense, derrotado en la segunda vuelta. Esa misma semana, un aspirante salvadoreño fue ungido por un pastor. En Guatemala, el actual presidente tiene relación directa con iglesias evangélicas, en un fenómeno presente por igual en Estados Unidos con Donald Trump. Tocar estos asuntos es muy difícil, habida cuenta de estos factores: uno, la libertad de cultos, y dos, la voluntariedad de la decisión de quienes ingresan a las feligresías. Pero no por ello es inválido analizar la relación entre ciertas interpretaciones del mensaje de Cristo con los intereses políticos locales o externos.

En la era de la información instantánea, es contraproducente permanecer en silencio o reaccionar hepáticamente cuando en los medios informativos se presentan trabajos profesionales. Eso es así para cualquier denominación religiosa: las acusaciones contra sacerdotes católicos han sido motivo de publicaciones en todo el mundo, sin reacciones de apoyo, como lo hizo una agrupación de iglesias evangélicas guatemaltecas en el caso de la iglesia Casa de Dios. El cristianismo, como toda religión, convive en un mundo secular y está obligado, por conveniencia propia y para tranquilidad de la feligresía, a explicar el uso del dinero y donaciones. A mi criterio, aquí se aplica la frase del Evangelio “la verdad os hará libres” y la otra de “mi reino no es de este mundo”.