Sui generis relación entre Estado y credos

Opinión

A lo largo de la Historia, las relaciones entre Estado y religión han sido distintas, comenzando con la teocracia, es decir el gobierno de los sacerdotes, hasta una entente entre ambos al separarse los gobiernos religioso y estatal. Un elemento adicional es la libertad de cultos, por complementar la separación de ambas autoridades, una terrenal y la otra celestial. En el mundo contemporáneo, la relación entre política y religión es sutil, y por ello difícil de encontrar, pero existe. Estas reflexiones son útiles para explicar la llegada de las mega iglesias evangélicas de dirigencia máxima unipersonal, y una nueva interpretación del mensaje de Cristo: la teología de la prosperidad.

Acerca del caleidoscopio religioso guatemalteco

Opinión

Los acontecimientos relacionados con el pastor Carlos <em>Cash </em>Luna, localmente han despertado interés por conocer, al menos en sus generalidades, los significados reales de las iglesias católica y no-católicas. No utilizo el término cristianas, porque la totalidad lo son. Es necesario utilizar un término general, pues las palabras evangélicos, protestantes y otras tienen significados específicos por los cuales tal tarea casi se imposibilita. Se debe pensar en este tema con serenidad y sin colocarse en posiciones dogmáticas ni emotivas o irreflexivas. A grandes rasgos, el caleidoscopio religioso guatemalteco comienza desde el siglo XVI, con la llegada tanto de los conquistadores de oro como de los pescadores de almas, quienes pronto entran en contacto con las religiones politeístas locales.

Cash Luna niega vínculos con Marllory Chacón

Guatemala

Cash Luna, pastor de la iglesia Casa de Dios, dijo que nunca ha tenido vínculos y rechazó que haya recibido dinero de Marllory Chacón, sentenciada a prisión en Estados Unidos por narcotráfico, como lo publicó Univisión en un reportaje.

Y líbranos del mal. Amén

Opinión

Una publicación de Univisión titulada Los Magnates de Dios prendió las redes con las historias de tres iglesias evangélicas: una en Colombia, otra en California y la tercera —Casa de Dios— en Guatemala. Párrafos como “Aviones privados, mansiones, autos de lujo y vestuarios costosos, son parte de la vida de los líderes espirituales” o “A mí me enseñó un apóstol, me dijo, Cash a la iglesia uno siempre lleva dos cosas, biblia y chequera”, muestran prácticas más mundanas que divinas, cuestionan las enormes sumas de dinero que manejan y resaltan los lujos de sus dirigentes. La guinda del pastel es este texto: “Las fuentes aseguran que el pastor Cash  Luna sacó provecho de su cercana amistad con Marllory Chacón, condenada en EE. UU. por narcotráfico”. Casa de Dios, el pastor Luna y la abogada de Marllory emitieron comunicados, pero lejos de desmentir los hechos —bastaba decir: recibimos [o no] dinero de la ahora sentenciada en USA— prefirieron “matar al mensajero”. Llamaron a la oración para que la justicia prevalezca, desacreditaron a quienes hicieron la publicación, tacharon a los testigos de “falsos” o no idóneos, afirmaron que “la prensa tiene una obsesión enfermiza con la Sra. Chacón porque es mujer” y exigieron que en 24 horas esclarecieran ciertas cuestiones. Quizá miedo a que esta vez la verdad no los haga libres, sino todo lo contrario.

Casa de Dios, casa de mis amigos

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Entré una vez a la iglesia evangélica Casa de Dios. Una noche antes había tenido un percance en la calle. Sin suficiente dinero en efectivo para pagar la grúa que me remolcaría, por fortuna, pasó un antiguo compañero del colegio, que insistió en darme el complemento. “¿Cómo hago para pagarte?” le pregunté. Me respondió que la noche siguiente estaría en su iglesia, pues habría una celebración especial. Percibí en él un afán para propiciar que me acercara al evento, pues hizo difícil encontrarlo en otro lado que no fuera ese. Pero confieso que en parte acepté llegar ahí, por curiosidad de ver lo que sucedía adentro del lugar que desde entonces, tanto y a tantos atraía. Esto habrá sido hace unos 10 o 15 años.

Los enredos de un mercader de la fe

Opinión

Las relaciones del pastor Cash Luna con el poder no son nuevas. Desde la perspectiva del Evangelio de la Prosperidad, las bendiciones aumentan cuando suben las donaciones monetarias y se incrementan aún más cuando se vinculan al poder político y económico. Esa es parte de la prédica de los tele evangelistas pentecostales, como el pastor aludido, quien para la inauguración de su megatemplo en carretera a El Salvador, en el 2013, contó con la asistencia de la crema y nata de la clase política, desde el presidente Otto Pérez Molina hasta ministros y diputados. Posteriormente se vio en medio de un escándalo por una gigantesca bandera que le pidió a Roxana Baldetti y que ella muy devota  compró con fondos públicos. Ahora ese pastor está en medio de otro embrollo, tras un reportaje de la cadena televisiva estadounidense Univisión en el que se señala que la narcotraficante Marllory Chacón, quien purga una condena de 12 años en EE. UU. por trasiego de drogas, habría financiado ese millonario complejo religioso.

Los religiosos son también ciudadanos

Opinión

Todos los temas relacionados con las creencias religiosas en un país laico como Guatemala requieren en determinados momentos   algunas reflexiones acerca de la religión, sus sacerdotes, pastores, ancianos o como se llamen, sin entrar a la crítica de quienes por alguna razón muy privada y, por tanto, respetable, se han cambiado de creencias. No existe, pues, el “transfuguismo religioso”. Es primordial tomar en cuenta una verdad incontrovertible: estas personas son ciudadanos por nacimiento o por haberse nacionalizado. Eso significa, en pocas palabras, su obligación de cumplir con las leyes del país. No se les puede eximir de tener licencia para conducir automóvil, por mencionar un ejemplo simple solo para ilustrar el punto.